De libros

Por alguna extraña razón que no llego a comprender, en determinados momentos de mi vida pierdo las ganas por escribir o leer. De hecho, este mismo verano, mis dedos no han tocado el teclado para nada más que continuar con mi tesis doctoral, y pocos libros -ninguno- de carácter no-histórico ha caído entre mis manos.

Puede ser que, en el tramo final de estos casi 5 años de investigación, solo tenga ganas de ver el final. O puede, simplemente, que este año en el que entré en el mundillo literario local me haya dejado más cosas malas que buenas (si bien las buenas compensas cualquiera de las malas). Tal vez ver como las puñaladas vuelan de espalda a espalda y como los silencios se llenan de mentiras, o ver como por cada buen escritor y buena persona aparecen diez pseudo-escritores con aires de grandeza -que son los que estropean este mundo- me han hecho replantearme cosas y, además, han provocado cierto hastío al, simplemente, ojear mis estantes rebosantes de libros.

Aunque, en el fondo, creo que es un cumulo de todo, en el que se une una época de cambio personal y vital, que requiere mucho más de mí de lo que antes dedicaba. Que me obliga a replantear la dedicación de mis "momentos", esos en los que puedo hacer lo que deseo hacer. Sí, debe ser eso.

Lo peor: echo en falta cada minuto dedicado a la lectura.

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