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Mostrando entradas de agosto, 2014

The sad donkey

Silencioso, apoyado en la pared, dejando paso al joven que se cruza en su camino, que le acaricia y observa, divertido, como si fuera un subvenir más que llevarse; una foto de recuerdo de un viaje a otra cultura.
El viaje del que va a ver y no ve, que se fija en el gracioso burrito sin ver sus patas encadenadas y sus ojos tristes. Reflejo de una sociedad que se encadena al pasado y a la miseria; que es incapaz de correr hacia delante, y alejarse de la mano inmisericorde del que le alimenta y explota por igual.
Ojos que muestran en el animal lo que se esconde en las personas: los ojos tristes, las manos encadenadas con los grilletes de la pobreza. Esa pobreza que se incrementa en el sur, que se convierte en miseria ante los ojos vendados del Norte, que se niegan a ver.

Retornando a la normalidad

Llevo años escribiendo en este rincón. Si no recuerdo mal desde el ya lejano 2008. Y en estos años me han sucedido muchas buenas cosas, algunas nacidas de aquí mismo como las novelas de Cabrón. Pero, últimamente, pasaba menos por aquí. Tan poco que algunos incluso llegaron a preguntarme si abandonaba mi condición de bloguero, y yo siempre decía lo mismo: "no me apetece escribir más" o "la tesis me satura" o un "el trabajo, ya se sabe". Es más, hace solo unos días me quejaba de ello y, de pronto, he vuelto a escribir. 
Y no solo en este blog, retomando viejos relatos como las Aventuras de La Marabunta o Crisantemo, también en mi "baúl de novelas". Parece que el final del verano -este verano atípico que me ha tenido trabajando y que, además, es un fin de ciclo vital- me ha venido bien y las musas han vuelto a visitarme. Además, mis letras vuelven a ser luminosas, menos oscuras y pesimistas -claro que, quienes me conocen, saben la verdad que se es…

Crisantemos (IV)

La campana sonó y se giró sobresaltado. Se acercó lentamente hasta la ventana y, sin abrir las cortinas, oteó la calle para ver como el mensajero dejaba el paquete. No necesitó ver que había en su interior, el cartero no llevaba el habitual uniforme y, en su lugar, vestía un kurta hindú.
Lo que no vio fue como Roman se ocultaba en las sombras de la calle enfrente, sonriendo al ver moverse las cortinas de la casa señorial.
* * *
Cuando la sirvienta le acercó el paquete, el joven e impetuoso oficial temblaba por el miedo. La mujer, que había aprendido a no mostrar sorpresa ante las actitudes de su señor, la dejó sobre una pequeña mesita y se retiró prudente, cerrando la puerta con un leve portazo. Durante una hora nadie entró ni salió de la sala, las pisadas se oían en el pasillo y varias veces se detuvieron ante la puerta del salón, pero nadie se atrevió a romper la soledad del oficial.
Cuando el reloj marcó las sietes, el hombre se decidió a abrir el paquete. Deseaba con todas sus …

De shuminadas inglesas

Shumino estaté al liquindoi que el guachinei te va a hacer triquitri

Lo que viene siendo, traducido al castellano desde el gaditano castizo, un:  "Señora, tenga cuidado que el extranjero quiere hacerle algo no del todo bueno"
Y es que, quizá, pocos sepan que el gaditano anda cargado de anglicismos. Los nacidos entre la gente portuaria, de baja formación, que se veía abocada a tratar con marinos venidos de todas partes del mundo. 
Así nacieron palabras como "liquindoi" (looking and do it), "guachinei" (what is your name?) o triquitri (el "truck or treat" de Halloween).
Pero si hay una palabra que ha calado en el gaditano es "shumino", para referirse a las señoritas y a sus partes púdicas (por igual) y que nació en los muelles gaditanos cuando las señoritas menos púdicas se acercaban a los marinos ingleses y estos soltaban un "cógelo ahí" muy inglés para pedir que mostrasen lo que ofrecían. Y del "show me now" al &quo…

En la Isla de los gatos

… El Capitán alzó la espada, se irguió cuan redondo era, miró a Hernán y sus ojos mostraron que la muerte sería la única solución. Y también que no sería la suya la que se cobrase aquella tarde. Fat, el más temido de los hombres que navegaban al sur de América, había sido cruel, violento y sin piedad hasta que topó con La Marabunta y ahora, el hambre, recuperaba lo peor de él.
Ninguno de los presentes aquella tarde, en aquella isla, hombre, mujer o gato, olvidarían jamás lo ocurrido. Fat, el orondo y simpático capitán, se convirtió en el terrible capitán que llenase de terror las costas americanas. El que atacase cada barco, cantina, cocina desde Patagonia hasta La Florida. Nadie, absolutamente nadie, podía entender como aquel demonio rechoncho era tan ágil, tan rápido, tan mortífero. Y menos que nadie Hernán, su enemigo, el eterno rey de los gatos, de la terrible Isla de los Gatos, que observaba anonadado el cambio producido en su adversario.
-No te quedarás con mi cocinera- repetía Fa…

De libros

Por alguna extraña razón que no llego a comprender, en determinados momentos de mi vida pierdo las ganas por escribir o leer. De hecho, este mismo verano, mis dedos no han tocado el teclado para nada más que continuar con mi tesis doctoral, y pocos libros -ninguno- de carácter no-histórico ha caído entre mis manos.

Puede ser que, en el tramo final de estos casi 5 años de investigación, solo tenga ganas de ver el final. O puede, simplemente, que este año en el que entré en el mundillo literario local me haya dejado más cosas malas que buenas (si bien las buenas compensas cualquiera de las malas). Tal vez ver como las puñaladas vuelan de espalda a espalda y como los silencios se llenan de mentiras, o ver como por cada buen escritor y buena persona aparecen diez pseudo-escritores con aires de grandeza -que son los que estropean este mundo- me han hecho replantearme cosas y, además, han provocado cierto hastío al, simplemente, ojear mis estantes rebosantes de libros.

Aunque, en el fondo, c…

De razones

Que no, que no me convencen por más que se empeñen. Me da igual que hubiera cuatro brujas, una por cada punto cardinal, ya que eso no es la razón. Tampoco lo del tornado, eso es una mala excusa. La razón, la única e impepinable razón para que el infortunio se centre en la pobre y pequeña Dorothi es la puñetera manía de los americanos de hacer las casas de madera...

Tal día como hoy...

... de 1947 muchos gaditanos desaparecieron bajo el peso de los escombros de la gran explosión. Otros muchos se salvaron de milagro y las historias de dolor corrieron de familia en familia. Creo que son pocos los gaditanos de entonces que no sufrieron alguna consecuencia en sus vidas o que no tienen una experiencia que contar.

Aún hoy no se tiene claro que ocurrió, si fue un accidente o un atentado que se fue de las manos -como alguna vez se ha dicho en ciertos círculos-, lo que está claro es que la mitad de la ciudad voló por los aires debido a que los polvorines estaban dentro de la ciudad. 
Por eso, tal día como hoy, es día para recordar la tragedia que marcó Cádiz

De hipocresía

En el país de la hipocresía una parte de la falsa izquierda anticapitalista se alegra desde las redes sociales de la muerte de un cooperante, tan sólo por haber sido sacerdote.
Un cura que, durante 30 años, ha estado al lado de los más necesitados, de los enfermos, de los marginados. Y que ha terminado pagando con su vida.
Pero eso no importa: la izquierda progresista española, la que arregla el mundo a clicks de ratón desde su Mac, lamenta que el Estado haya gastado en traerlo, no se pregunta cuánto ha ahorrado este hombre a los estados y, sobre todo, a sus propias conciencias.