De Maléfica

Maléfica es lo contrario al mal. Sin duda, Disney ha sabido vestirse de G. R. Martin para darle la vuelta al cuento de la Cenicienta y mostrarnos a la más malvada de las malvadas reinas de cuento como una dulce hada con cuernos y alas. Hasta que el desamor y la traición la convierten en lo que no es.

Y es curioso, porque Disney siempre ha vendido que el príncipe azul llegará a salvar a la pobre princesa desprotegida y lo hará con un beso de amor verdadero. Pero aquí, Disney no parece Disney y el amor verdadero no se presenta en formato juvenil, sino maternal. Maléfica quiere a Aurora, no hay duda. En su corazón, destrozado por el (des)amor juvenil, solo existía venganza hasta que aprende a amar y cuidar a la misma niña a la que maldijo al nacer. Aquí no hay príncipes que vengan a salvar, son mujeres fuertes las protagonistas del cuento. Quizá como ya ocurrió con Mulan, como Pixar hizo en Brave, las mujeres toman el poder y los hombres no son más que peleles al servicio de la historia:

El rey Stefan no es más que un avaricioso que destruye lo que podría haber tenido (la amistad/amor con el hada) a cambio de una corona; y de ahí a la locura y la violencia. Terminando solo, preso de sus propias conspiraciones, rencores y remordimientos.

Diaval, el siervo fiel, el único que parece ver el bien en el corazón de Maléfica. Acompaña y es contrapunto cómico y, en cierta forma, el que deja algunas buenas enseñanzas en la nueva versión del cuento.

El príncipe Philip, el joven enamoradizo que debe salvar a la princesa, pero que el mismo lo dice: “la he visto una vez ¿cómo puede ser amor verdadero?”

Y es que el cuento de Disney nos deja una enseñanza sobre el amor: el verdadero es el que nace con el tiempo y el conocimiento mutuo, no el del encontronazo fortuito en mitad de la nada.


Con esta película el cuento se hace adulto, se disfraza de otra cosa y nos deja una obra redonda, con una Angelina Jolie que habla desde los ojos. Una historia dura, la de traición y muerte, contada como una aventura fantástica, cargada de efectos especiales y momentos hilarantes que la hacen una buena forma de pasar la tarde. Personalmente fui con sobrinos, y puedo decir que todos (desde los 4 hasta mis 35 años) disfrutamos como enanos (de Blancanieves)

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