El teatro Balbo de Roma

Roma esconde en su subsuelo demasiadas maravillas como para lograr sorprendernos. Y sin embargo a veces lo logra. Así en 1981, en plenas obras del metro de la ciudad, los técnicos encontraron algo diferente. Un edificio porticado, con cuatro grandes columnas y un fresco bien conservado que representaba una ciudad situada en una luminosa isla. Inmediatamente los arqueólogos entraron en acción pudiendo comprobar que no estaban ante un hallazgo común, sino ante el tercer teatro más grande de la vieja ciudad imperial. El teatro que Lucio Cornelio Balbo, el menor, mandó construir en la ciudad entorno al año 20 a.C. El gaditano, necesitaba recuperar el prestigio perdido tras el asesinato de Cesar –al que la familia estaba totalmente vinculado, sobre todo por la gran relación del tío de Lucio con el dictador- y para ello construyó el teatro Balbo. Con capacidad para 7700 personas, el recinto se convirtió en el tercero más grande de Roma pero, según las crónicas, en el más lujoso y el fresco descubierto parecía demostrarlo.


El edificio sufrió un incendio en época de Tito siendo reconstruido posteriormente pero, lentamente, fue cayendo en el olvido. Hasta el punto de que el lugar fue elegido para las obras llevadas a cabo en el Campo de Marte pensando que en el lugar (entre las iglesias de Santa Caterina dei Funari y San Stanislao dei Polacchi) no escondía tesoro arqueológico alguno. Y fue allí precisamente dónde salió a la luz la Cripta Balbi (hoy centro del Museo Nazionale Romano dedicado, principalmente, a escultura), anexa al teatro primigenio y que desde el pasado año 2010 y tras 20 años de restauraciones, ha sido abierto al público creándose un espacio dedicado a los modos de vida del siglo I y que, desde el pórtico del teatro de los Balbos (en continua excavación) y atravesando los diversos recintos que componen el Museo (desde la cripta hasta el Palacio Altemps -s. XV-, el Palacio Massimo alle Terme -s. XIX- y las Termas de Diocleciano).

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