Ir al contenido principal

El Camino (III)

Lucy no preguntó por Padre ni por Madre. No miró atrás cuando, de mi mano, pasó junto a la granja, calcinada hasta sus cimientos. Muchas veces he pensado que cometí el mayor de mis pecados aquel día cuando, mirando de reojo lo que mi hermana no vio, quise ignorar lo que vi y dejé allí los cuerpos quemados de quienes me dieron la vida; sirviendo de festín a las alimañas. Descansando eternamente a la intemperie. Mucho tiempo después volví al que fue mi hogar para situar dos lápidas, que cubrieron con piedra mi alma pero no acallaron mi pesar.

Abandonamos el infierno avanzando por el camino de luces apagadas. En pos de una guerra que ya había arrasado aquellos campos y segado aquellas vidas, como la hoz que siega el trigo. De raíz. Y como una raíz comenzó a germinar el odio en mi interior. Odiaba a quienes habían asesinado a mis padres; a quienes extendían esa plaga llamada guerra; a los que habían quemado mi casa; a los que habían provocado que mi hermana no hubiera vuelto a decir palabra y que sus cantos ¡qué lejos me parecían entonces! se hubieran vuelto lamentos.

Acaricié la bolsa en la que guardaba la pistola. Nunca había disparado. No sabía cómo funcionaba aquella arma, pues Padre nunca me enseñó y nunca antes había visto una. Pero sabía que, quizá, ella me salvase la vida. Nos detuvimos bajo un sauce llorón, y sonreí al comprender por primera vez en mi corta existencia, que era la ironía. Yo deseaba llorar, tenderme al suelo y mecerme como las largas ramas que ahora nos cobijaban, pero no podía hacerlo. Debía ser fuerte. Por mí. Por Lucy. Saqué algo de panceta y se la di a mi hermana, que masticó sin dejar de sorber los mocos y secarse las lágrimas y, entonces, me miró.

-¿Dónde vamos? –dijo con su voz dulce y entrecortada -¿Qué haremos?
-Padre dijo que allí –señalé el camino que seguía al sur- Que allí harán falta manos jóvenes pues todos marcharon con la guerra. Y si Padre dijo al sur, iremos al sur.

Extraje la pistola de la bolsa y la miré con detenimiento. Su forma, tratando de agarrarla con firmeza; cada muesca, para saber qué era cada cosa. Finalmente la tomé con las dos manos e introduje el dedo, tembloroso, en lo que creía era el disparador. Empujé con todas mis fuerzas, pero no ocurrió nada. Y, entonces, lo presioné.


El disparo retumbó y los pájaros alzaron el vuelo en la lejanía. Pero algo golpeó aún más fuertes mis oídos: Lucy reía. Con fuerza, con inocencia. Me señalaba con el dedo sin detener su risa. Se acercó hasta mí, y me retiró la hojarasca que se había pegado a mi ropa cuándo caí de espaldas por el retroceso. Y me abrazó. Estuvimos así hasta que las voces llamaron nuestra atención. Los cuatro viejos avanzaban pesadamente hacia el norte, por el camino sin luces, montados en una destartalada carreta de dos ruedas tiradas por dos mulas famélicas. Nos tiramos al suelo, esperando que pasasen, pero algo en sus ojos y su conversación me hizo saltar de mi escondite, bajo las hojas del sauce que acariciaban el suelo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera

En 1339 el rey de Ronda y Algeciras, Abdul Melek, decidió cercar Jerez de la Frontera, por entonces principal ciudad del bajo Guadalquivir (con permiso de Sevilla, cabeza del reino y, casi, de toda la Península). El príncipe tuerto –pues así apodaban al de Ronda- asoló la campiña jerezana y cerró su tenaza sobre la ciudad obligando a los vecinos de la villa a enfrentarse en desigual batalla. En aquellos años se encontraba en Jerez Diego Fernández de Herrera, que había estado cautivo varios años y conocía el idioma y las costumbres de los moros. Así que, bien por venganza o por ese heroísmo extraño que a veces surge en el corazón de los hombres, se presentó voluntario para adentrarse en el campamento enemigo y asesinar al príncipe tuerto. Disfrazado de moro cruzó el río Salado y se internó en el campamento enemigo, esperando que los jerezanos lanzaran un falso ataque que hiciera a los moros salir de sus tiendas y continuar la lucha. Al amanecer de esa misa noche, los de Jerez pusiero…