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De goles y paro


Va llegando el buen tiempo. Sol y sombra entremezclada con algún día nuboso para recordarnos que el verano ya está aquí. Un verano que, para mí, es como decir que llegamos al año nuevo, porque hace demasiado tiempo ya que mi calendario se rige por le tiempo académico. Un año más que termina con sus luces y sus sombras, con un gran periodo de paro y uno nuevo de trabajo. Con sueños y esperanzas que se abrazan para hacerse, en parte, realidad. Pero también un año de despedidas. De amigos que han tenido que partir en busca de un futuro que nuestro país les niega.

Les niega porque se muere en la desindustrialización, mientras el deporte mitigaba nuestras miserias. El éxito deportivo que ocultaba al realidad de una sociedad que cada vez se encuentra menos formada y que, paradójicamente, tiene un exceso de titulados superiores. “Demasiados jefes, pocos indios” se podría decir. Y, lo que es más curioso, existe una generación casi perdida en la formación. Es lamentable tratar de leer algunos textos, incapaces de entender que se quería decir. Una generación que, ante el miedo al fracaso escolar, ha superado las escuelas para fracasar en la vida. Y eso nos queda: titulados que huyen del país, e iletrados que se sitúan en las colas del Inem junto a sus hermanos mayores, sus padres, sus abuelos.

Pero durante mucho tiempo no ha pasado nada. Aún había ayudas sociales, que permitían compaginar las colas del paro con las del Falla o el Carranza. Evadiéndonos en un circo moderno mientras consumíamos en cerveza la última cebada que nos quedaba para comer. Disfrutando del éxito deportivo mientras fracasábamos como países mientras nuestros gobernantes nos pedían que gritásemos “yo soy español”.

“¿A qué quieres que te ganes?” decíamos orgullosos antes franceses y alemanes que con sonrisa picara se guardaban la respuesta. Porque ellos sabían la verdad: mientras nosotros disfrutábamos del circo, ellos conquistaban como se conquista en el siglo XXI: con economía y no con ejércitos. Pero esta semana, como una mortal metáfora de la crisis que vivimos, los alemanes (terribles enemigos del español desde que Carlos I se hiciese con el trono) destrozaron los sueños de millones de españoles recordándoles que en el deporte, como en la vida, estábamos al borde del desastre. Dos goleadas que viene a acompañar los peores datos del paro que este país ha sufrido jamás. Más de 6 millones de parados; mas de 6 millones de hogares que sufren la tragedia de verse al borde del hundimiento. Creímos que llegaríamos a la final, que sería un paseo tranquilo; y nos olvidamos de la realidad. Dejamos que el deporte se convirtiese en la Marca España, mientras nos marcaban a fuego con la lacra del desempleo. 

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