Traumas infantiles

Tengo que reconocer que la infancia me dejó un trauma complicado de superar. Algunos, quizá, se acomplejarán con sus defectos físicos y hasta psicológicos  pero yo, por extraño que parezca, jamás padecí de eso. Sin embargo, la locura colectiva de aquellos maravillosos '80 que me tocaron vivir de niño, dejó en mí algo mucho más profundo. Con una sola cadena de televisión, los tiernos infantes teníamos que crecer viendo aquel "Megatrix" ochentero que se llamaba "La Bola de Cristal", sin duda el mejor programa para niños jamás perpetrado en la televisión patria. Y fue allí, y entre las viejas cintas de casete de mi hermano, dónde encontré mi trauma infantil: Toreros Muertos, con Pablo Carbonell a la cabeza. Y reconozco que hoy, adulto hecho y orondo ya, allí dónde lo veo, me detengo. Porque este incomprendido todo terreno de los ochenta, ha dejado momentos imposibles de repetir en la televisión. Como el día en el que, ante la mirada de Miguel Bose y acompañado por Raimundo Amador, cantó aquellos que todos pensamos alguna vez -de otros-.



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