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Los Estopiñán contra Cádiz

Blasón de los Estopiñán
s. XVII
Ando de nuevo metido de lleno en la tesis doctoral, tratando de ponerle fin por fin, más como anhelo personal que como otra cosa. Y así, estudiando la ciudad de Cádiz en el siglo XV me doy cuenta que no hemos cambiado un ápice y que algunos sentimientos que hoy parecen absolutamente progresistas y propios del siglo XXI se han dado a lo largo de toda nuestra historia. Claro que eso, en parte, ya lo sabía. Pero no puedo más que sonreír cuando hoy, que la Iglesia se encuentra en Sede Vacante, veo cientos de comentarios contrarios a la Iglesia. Y, de pronto, me topo con esto en los Archivos de la Catedral de Cádiz:


“An provocado muchas vezes el pueblo a escandalo para apedrear a la clerecía. Et aun agora de nueuo fue intentado que a Juan de Triana, racionero, que fueron a pedrear tomando piedras en sus manos un Diego Estopiñán y otros compañeros[1]


Curioso, al menos, ver como ya en el siglo XV aparecían quienes se oponían a la Iglesia aprovechando la ausencia de su cabeza cercana -en aquellos años el obispo Venegas residía en Chiclana-, hasta conseguir que la silla episcopal fuera trasladada durante unos años hasta la vecina Medina Sidonia. Y de como, incluso, se usaban métodos violentos para lograrlo, que hoy, a Dios gracia, no se dan. Pero sobre todo es curioso al comprender la razón que se escondía tras la acción de Diego Estopiñán y "los otros compañeros". Es más que conocida la vinculación de toda la familia con los Duque de Medina Sidonia, como se demuestra en Bartolomé de Estopiñán, vecino de Cádiz aunque trasladado posteriormente a Sanlúcar, que como capitán de milicia de los Medina Sidonia, bombardearía las Almadrabas de Cádiz, en posesión del Marqués de Cádiz (don Rodrigo Ponce de León) 

Y es ahí donde reside la realidad de la situación y de la actitud de Diego al atacar el clero y provocar al pueblo hasta consiguir el traslado de la silla episcopal a Medina Sidonía, posesión de su señor: la lucha encarnecida entre los Guzmán y los Ponce de León. Pues entonces, al igual que hoy, los dos grandes poderes usaron al pueblo a su antojo para dañar al rival y conservar y aumentar sus riquezas e influencias. 

Así que, como ven: no hay nada nuevo bajo el sol.



[1] ACC, leg. 22, copia del siglo XV, 14 de abril de 1472. Chiclana de la Frontera.

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