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La isla de los gatos


Los murmullos se unieron a los aullidos; hombres y animales se miraban desafiantes, como si la presencia de La Marabunta en la costa viniera a romper una calma perpetúa en aquella isla borrada de las cartas náuticas. Fat caminaba por la cubierta, ahora arriba, ahora abajo, entre la mirada preocupada de los presentes. Todos sabían que se enfrentaban al peor de los escenarios posibles: con el barco navegando a la deriva y a las puertas de aquella isla maldita.  El silencio se extendió cuando Vásques tomó la palabra:

-Nadie se separará en la isla –no apartaba sus ojos negros de la costa-. Siempre iréis acompañados y armados. No os adentraréis jamás más de lo necesario. Cortaréis la madera que necesitamos, recolectaréis algo de comida y un grupo acudirá en busca de agua dulce.
-Por una vez –Fat cortó a su segunda- os exigiré disciplina. Bien sabéis que nunca le dí importancia a eso.
-Ni a nada que no sea comida –las risas cortaron al capitán cuando Borought se abrazó a él-: eso si que te gusta.
-¡Nada de estupideces! Os va la vida en ellos –el capitán, iracundo, miraba a sus hombres uno a uno -¡No dejaré a nadie atrás!, pero si alguien se aventura en el interior de la isla no lo buscaré. ¿Ha quedado claro?

No dio tiempo a que los marinos contestaron, pues el barco, empujado por la marea, varó en la orilla, quedando posado sobre un banco de arena. Algunos de los tripulantes cayerón por la borda, entre las risas de los demás y los lamentos de la Rubia, que no podía dejar de observar la isla.

-Él está aquí –dijo sin más, y cubriendo el rostro corrió hacia la cocina, bajo la cubierta.
-Habría que subir a los marinos, capitán- dijo Lord Corba –no es de recibo que se mantengan mojados más tiempo del debido; podrían refriarse.

Un gritó rompió el cielo y todos voltearon los rostros a la playa. Los gatos se avalanzaban sobre los marinos caídos, rozandose sobre sus cuerpos humedos; clavandoles las uñas, ronroneando en busca de caricias.

-Son tan moooonos- se escuchó a Mutambo que ya acariciba una.
-Son mortiferos, letales, mortales, una plaga, lo peor que podrás encontrar en este mundo: uno te dominará –gritaba Fat- todos estos juntos os matarán… y ¡recordad! ¡Él está aquí!

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