De paisajes


Una de las mejores cosas de Cádiz es su luz. El sol reflejado en el mar tiñe de color la ciudad y le dota de uno de los atardeceres más hermosos -o eso dicen- que pueden contemplarse en el planeta: con el astro rey hundiéndose en las aguas del Océano. 

Pero quizá sea mucho menos conocido el amanecer, y no porque el gaditano no madrugue, sino porque el sol se levanta por la zona industrial de Cádiz. Una bahía que cubre el horizonte con las grúas de Astilleros, con las torres del puente, con las obras de Dragados. Pero un paisaje que también se hacer hermoso a esas horas, que se transmuta en dorada esperanza de volver a ver la ciudad en su pleno esplendor. Y que, además, por su propias características merece ser contemplado: el paisaje industrial es denostado en muchas ocasiones, acusado de entorpecer la visión, de dañar la belleza del entorno por culpa de la mano del hombre. 

Sin embargo, a mí, me gusta. Me relaja ver el despertar industrial de la ciudad; ver como el sol despunta entre las nuevas torres de Cádiz. 


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