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De vuelta


He estado parado. Una semana escondido y agazapado cual gordo intentando pasar desapercibido en una convención de endocrinos. Pero ya estoy de vuelta, retomamos el blog y mañana vuelve el relato “La luz”, el jueves Dios dirá y el fin de semana vete a saber, que andaré recorriendo esos tiempos del hombre para dar un salto estratosférico y plantarme de un tirón en el siglo XIII, eso sí, con algunos –muchos- infiltrados de la II Guerra Mundial. Ya saben, una de mis pasiones es la historia y a través de la recreación he podido cumplir el sueño de todo historiador: vivir como vivieron aquellos a los que hoy estudio; participar en batallas épicas que cambiaron el signo de los tiempos como las Navas de Tolosa; correr junto a mi rey para entrar en batalla; o sentarme al calor del fuego para escuchar historias y comer carne asada o gachas (Dios nos libre de volver a ellas).

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Corona o Reino de Aragón

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Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
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Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

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