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Momentos

Hoy hace dos años que Manos Unidas recibiese el premio Príncipe de Asturias a la Concordia. Y dos años de una de las experiencias más gratificantes de mi vida pues, recién caído en la Comisión Permanente de Manos, me veía en Oviedo acompañando a Myriam y al resto de miembros de la Comisión a recoger este importante galardón.

Para alguien como yo, que prácticamente ha pasado más tiempo dentro de Manos que fuera, fue un momento especial en todos los sentidos. Por lo que significaba el premio para la Organización pero sobre todo, por el contacto directo con una persona excepcional: Cécile Samagui, de Benin. 

De aquellos días tengo varias imágenes grabadas en la retina para siempre: la primera la eterna sonrisa de Myriam, presidenta y rostro de Manos Unidas, que se ganó a todos con su presencia, dulzura y amabilidad. Siempre con esa sonrisa en la boca a la que tan acostumbrados nos tiene y siempre dispuesta a trabajar hasta la extenuación.

La segunda, esa foto de ahí arriba: Myriam y Cécile: El norte y el sur cogido de la mano. Dos mujeres trabajadoras, luchadoras y soñadoras, que no pierden la esperanza de poder arreglar este mundo y que pelean por lograrlo. Los dos pilares fundamentales que componen Manos Unidas en un gesto natural que dio la vuelta al mundo de foto en foto: sus manos entrelazadas, símbolo de la unión de España y los pueblos del sur. Ese ir de la mano que hace de Manos Unidas una organización diferente y que quedó plasmado para la enternidad en las manos alzadas de Myriam y Cécile

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