El conde de Montesimios



Los barcos se acercaron, los hombres corrían y gritaban en castellano, inglés, francés, haitiano y una suerte de dialecto que se hablaba al este de Cádiz.

-Fuaera, la que no va a cae encima –se escuchó desde las jarcias.
-Boooomba- gritó el Nutria desde el carajo- Eso es una bomba.

La primera de las balas enemigas pasó rozando el aparejo de la Marabunta y varios cabos cayeron con estrépito sobre la cubierta. Los gritos de dolor se unieron a los de miedo y odio. La guerra llegaba a un barco acostumbrado a las fiestas, el vino y la buena comida. El capitán Fat buscó entre sus hombres a los más agiles y cuando no los encontró lanzó su ira sobre la Rubia.

-¡Maldita seas tú y tus cazuelas!- gritó a la esclava- Ellos eran hombres rápidos, atletas consumados, lo mejor de cada casa y ahora ¡miralos! No llegan a mi nivel, pero poco les falta para dejar de ser hombres sanos y convertirse en viejos, gordos y calvos expiratas. Y cuando eso llega –comenzó a suavizarse su tono- amigos mío –se abrazó a Mamonuth mientras las bombas silbaban a su alrededor –la muerte está  cercana. No digo, amiga mía, que tu seas la culpable de  nuestra muerte pero algo de culpa tendrás.

Vásques golpeó al capitán con el pomo de su espada, haciéndolo trastabillar y caer sobre el timón. El barco viró a estribor, con tal fortuna que allí donde debía estar el agua se elevó en gran altura al caer una decena de certeros disparos. La Marabunta continuó su rápida vuelta y los hermanos haitianos que estaban al frente de los artilleros aullaron de alegría la ver el tiro franco. El sonido de los cañones atronó en la mañana y el cielo azul se lleno de humo. El olor a pólvora y azufre sustituyó al de bizcocho, venido de las bodegas. Sir Charles y lord Corba se lanzaron a proa, poniéndose al frente de los hombres. El Vizcaíno llamó a su tropa de cántabros y se lanzaron a las jarcias, prestos a realizar un nuevo abordaje.  La Marabuta se dirigía presta al barco enemigo y los gritos de miedo tornaron en jubilo mientras la sorpresa por tan arriesgada maniobra se extendía entre los hombres de Montesimios.

El capitán Fat alzó la vista ayudado por Marco Antonio, que desesperado trataba de cambiar el rumbo del navío.

-¡¿Qué diantres haces?! –gritó Fat -¡Este cascarón no soportará el envite! Borough lleva demasiado tiempo borracho como para tener la Marabunta en buen estado. ¡Como choquemos, nos hundimos!
-Sí has sido tú, mamón- dijo el timonel mientras Manonuth se acercaba pensando que le llamaba a él- has caído sobre el timón y no había forma de levantarte.
-Deberías perder peso, Fat- terció Vasqués.
-¡Ojú con dio mio!- se escuchó desde las alturas -¡ahí va otra!

La bala atravesó el velamen y la Marabunta vio ralentizado su rápido avance. El palo mayor crujió al rasgarse, torciéndose hacia babor: el Nutría saltó desde el carajo entrando limpiamente en el mar después de hacer un doble mortal e insultar al capitán por el camino. Lady Chodni corrió a la amura lanzándole su propio corpiño amarrado a un cabo para evitar su perdida en el mar. El joven vigía se aferró a él y rápidamente ascendió hasta cubierta. Justo en el instante que los dos barcos chocaban entre sí y Fat volvía a caer. La guerra se desató en las naves, los gritos se entremezclaron como los cuerpos y el acero. La sangre manchó la cubierta y la lucha se extendió bajo los restos de las velas caídas. Hombres y bestias, pues no pocos animales había en ambos barcos, peleaban por sus vidas, mientras los dos capitanes, uno en cada navío, se miraban orgullosos en la lejanía.

-¡Combate singular!- se alzó una voz sobre las demás.
-¡Combate singular!- gritaron todos al unísono hastiados de luchar por la cabezonería de sus capitanes.

-Ni mijita así –gritó Fat sabiendo a quien se enfrentaría.
-Combate singular – concluyó Montesimio desde su navío.

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