Pescando salmones


Hay películas que, quizá, por tener un titulo poco afortunado quedan relegadas al olvido de las carteleras hasta que el boca-oído comienza a funcionar. Algo que ya le pasó en su momento a “Entre Copas” (Alexander Payne, 2004)  o a la española “¿Para qué sirve un oso?” (Tom Fernández, 2011) y que ha vuelto a pasar con “La pesca del salmón en Yemén” (Lasse Hallström, 2011) y actualmente en nuestros cines.

Les reconozco que inicialmente no era una película que me llamase, y eso que el elenco de actores no me desagrada, comenzando por un Ewan McGregor que parece cuidar la elección de sus guiones con el fin de ser un actor de largo recorrido y no quedarse en el camino y perdido en la maldición de los “jedais” (muchos de los cuales parecen estancarse tras pasar por Star Wars). O la guapísima y sobria Emily Blunt que completa la pareja protagonista. Pero ni el título ni el tema –un proyecto de pesca en Yemén- acompañaban para hacer llamativa esta comedia sin pretensiones de ser romántica. Pero, curioso, fue precisamente eso lo que nos llevo al cine; eso y algunas críticas positivas que ya habíamos oído.  Y, desde luego, no me arrepentí.

Bajo el manto de una comedia blanca tradicional, nos encontramos algunas historias duras: el matrimonio que se rompe por causa de una rutina que termina matando. El investigador esclavizado a su oficina-ataúd que disfruta con su trabajo minucioso y que se ve obligado a adentrarse en un imposible por culpa de la situación política; la conflictividad política entre Inglaterra y el mundo árabe y los tejemanejes del gobierno para cambiar la situación ante los medios de comunicación; las envidias en el trabajo cuando todo cambia; la situación de las tropas en Afganistán o la desaparición de los soldados; los conflictos internos en el propio mundo árabe y las luchas entre señores; y, por encima de todo, el amor y la forja de una amistad imposible basada en una esperanza sin sentido.

Y todo ello con una dirección impecable, cargada de paisajes y pasajes que nos conducen por la historia, entremezclada con el pensamiento del jeque (Amr Waked) que trata de introducir el salmón en mitad del desierto de Yemén. La locura de un estrambótico  multimillonario que, sin embargo, es un canto a la esperanza. Como lo es toda la película. Una cinta que, sin pretensiones, narra historias y eso, en esta época del 3D y los grandes efectos especiales es lo mejor que se puede decir de La pesca del salmón en Yemén.

Además, esa misma narración, hace que el guión sea fluido, creíble y que  la evolución de los personajes se manifieste claramente mientras buscan su lugar en el mundo. Mientras crecen ante ti y te hacen participe de su loco sueño y te recuerdan que, hasta en el peor de los escenarios el salmón será capaz de remontar el río.

Comentarios

Lonewolf ha dicho que…
La película es sencillamente encantadora y refrescante (y no por el agua). Se limita, nada más y nada menos, que a contar una historia con toda la elegancia y la sutil ironía tan características del cine británico.
Javier Fornell ha dicho que…
Pues sí, realmente de lo mejor que he visto este año -y veo mucho- , porque en su sencillez es magnifica. Y la ironía te hace soltar más de una carcajada, al menos con la jefa de prensa y los mensajes con el primer ministro.

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera