La Luz (VII)


-Pero ¿cómo ha pasado? –gritó Navarro.
-¡Solo han sido cinco minutos, señor!- respondió Juan Ramón alterado –Cómo ordenaste que hiciera.
-Maldita sea, maldita sea. ¡Mételos dentro! ¡Ahora! –Navarro empujó a uno de los taxistas hasta la mesa –Echeva, ve tú con el herido. No le pierdas de vista e intenta hablar con él.

El forense, adscrito a la científica, salió corriendo, recogió su chaqueta y se lanzó a la ambulancia para acompañar al herido. Lo miró, estudiando su rostro y sus lesiones. Había recibido un fuerte golpe sobre el ojo derecho y el moratón comenzaba a hacerse visible. El golpe debió dejarle fuera de juego, y en su caída chocaría contra la mesa, clavándose el pico de la misma. O eso de dedujo el amplio corte que tenía en el pómulo. Aún así debió recibir un fuerte golpe al chocar contra el suelo, de otra forma no se explicaba su inconsciencia. Pero el hombre permanecía absolutamente inmóvil, con los brazos inertes descansando junto al cuerpo.

Tardaron menos de diez minutos en llegar hasta el Puerta del Mar e ingresarlo en urgencias, pero el hombre no mostraba mejoría. Algo no cuadraba y Echevarría no lograba ver qué. Cogió el teléfono y llamó a Navarro.

-¿Han dicho algo?- preguntó antes de contestar a Navarro –No, nada, éste sigue igual.
-Parece que se pelearon de pronto, sin mediar palabra entre ellos, José el testigo del futbolista, se lanzó sobre el otro, le propinó un puñetazo y lo empujo. Pero no dice nada, y me extraña que fuera capaz de hacerle tanto daño.
-A mí también, hay algo que no cuadra y más si es Jose ¿es el bajito, no? Es imposible que le haya hecho tanto daño.
-¿Crees que el herido está fingiendo?
-No, es imposible, ya le han conectado y no da señales de actividad neuronal. Pero algo ha ocurrido en esa sala. ¿Qué dice Alonso? –se refería al tercero de los taxistas, que había estado presente.
-Nada.
-¿Cómo que nada?
-Nada –respondió Navarro-, se limita a negarse a contestar a cualquier pregunta. Pero deberías verlo. Tiene el rostro desencajado por el miedo. Por ahora creo que dejaré que se vaya solo él, necesita descansar. E interrogaremos a José, a ver que sacamos de todo esto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera