De vuelta.

Vaya semanita la mía, entre pitos y flautas una semana sin venir, y cuando vengo lo hago quemado. Literalmente. Y no precisamente por pasar más tiempo del debido en la playa. No. Me quemo y me quemo en Madrid. Gaditano tenía que ser para caer en tamaña tropelía. Pero ha sido una quemazón con (dis)gusto porque fue en Valdebebas, al que más bien deberían llamar "el desierto madrileño" -¡Que caló más mala! Florentino ponle un toldito, hijo, que se queda uno churruscao a pleno sol- y tras ser vapuleado el Cádiz con una manita de los niños del Madrid. Con cara de tonto nos quedamos pero ya vas hasta allí más vale reír que llorar y al menos lo pasamos bien disfrutando del cadismo con cadistas aunque no con sus futbolistas.

Pero ya estoy de vuelta y con un mes bastante más tranquilo que dará paso a unas merecidas vacaciones. Y digo merecidas porque tengo que convencerme de que estaré bien durante los dos meses, aunque, en el fondo de mi ser sepa que terminaré aburriendome de no hacer nada. Pero mientras llega la nada, retomamos el blog.

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