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La niña


-El miedo es absurdo. Demasiado. Tanto que nos obliga a sentir y ver como real hasta la mayor de las fantasías. Los fantasmas no existen pero si os pregunto cuántos de vosotros habéis oído llorar a la niña del cuarto trastero el 90% me diréis que sí. No negarlo –continuó el profesor- todos hemos oído la historia de cómo la mataron y la emparedaron cuando este viejo edificio aún era un orfanato. Es más, el simple hecho de que este palacete haya sido hospicio ya hace que muchos hayan creído que sus muros son recorridos por fantasmas. Es una idea recurrente  ¿verdad? La misma que cogieron los del Internado para la serie –las risas se extendieron por la clase-. Y, además, logran que te asustes por nada. En eso consiste el miedo, es una percepción. Las películas pueden llegar a hacerte pasar autentico terror, aunque sepas que es una película y que la niña del pozo no aparecerá jamás en tu casa. Igual que la niña del armario no vendrá a esta clase… -La persiana cayó con estrepito, entre los gritos de los alumnos, dejando el aula en penumbras- ¡Veis! Una persiana que se cae y todos asustados -Se acerco hasta la ventana y tiró de la cinta para levantar la persiana, pero vio que estaba partida-. Jorge ¡Enciende la luz! Así mejor. No ha sido nada, simplemente la cinta estaba pasada por el sol y se ha partido.

-Seguro que ha sido la niña- se escuchó al fondo de la clase- ahora vendrá por nosotros para vengarse de su muerte…

-Sí –continúo el profesor- por qué el espíritu de una niña muerta hace dos cientos años no tiene nada mejor que venir a incordiar a las clases de filosofía ¡quieres encender la luz!

La sala había vuelto a la penumbra y ahora las risas se mezclaron con unos poco gritos. El profesor caminó hasta la puerta, para presionar el interruptor y entonces vio la sombra al final del aula. Se quedó petrificado y comenzó a reír ante la sorpresa de sus alumnos.

-¡Tanto hablaros del miedo y al final soy yo el que me asusto con una sombra!- dijo encendiendo la luz -¡Pues no me ha parecido ver a una niña chica justo allí! ¡JODER!

La niña le miró con ojos inocentes.

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