El beneficio gaditano de La Laguna

Llevo un tiempo sin hablar de la Historia de nuestra ciudad, o al menos de la Historia menos conocida y que más me gusta: la medieval y los inicios del XVI. Pero eso no queiere decir que no haya estado trabajando en el tema -aunque lleve un gran retraso en la entrega de textos a mis directores de tesis-. Pero hoy, quizá porque ando cerrando el tema de los réditos económicos que los gaditanos obtenían del pastoreo del rebaño de la Iglesia en las Canarias, quiero traer hasta aquí un  pequeño fragmento de la historia de La Laguna. El que hace referencia al aprovechamiento que el poderoso chantré Rodrigo Alfonso de Argumedo y Amaya (que llegó a ser obispo electo de Cádiz el año que le sobrevino la muerte) hacía del beneficio de La Laguna.

Beneficio que tiene su origen en la propia conquista de la Isla y en la llegada de los hombres del Obispo del Rubicón, don Juan de Frías, y de los gaditanos Pedro de Vera y Pedro Cabrón. No en vano, y como queda recogido en las cartas que la reina Juana envía a las Islas, Rodrigo era Comisario de la Santa Cruzada para la conquista y evangelización de las Islas.  Unas islas de las que el chantre obtenía un beneficio de 600 doblas anuales pese a no atender personalmente el servicio -dicho beneficio estaba destinado a la manutención del sacerdote y la iglesia local- al no haber acudido a las Islas en ningún momento, o al menos no existe constancia de ello.

Sabemos que desde, al menos, 1515 y hasta 1528 recibió el beneficio canario, tanto en La Laguna como en los lugares del Realejo y San Pedro de Daute, de la que obtenía una renta de “quinientos o seysçientos ducados”, según queda recogido en la correspondencia entre el adelantado de Canarias y Carlos I sobre las quejas de los canarios de la escasa calidad y cantidad de clérigos en las islas, así como el alto beneficio que el chantre lograba. Don Francisco de Lugo, adelantado de las Islas, se quejaba de que “en la çibdad de La Laguna, que es cabeça de la  jurediçion de la dicha isla, ay más de ochoçientos vezinos, y ay dos yglesyas” que no estaban siendo atendidas pues solo había dos clérigos que, además, eran extranjeros, y no servían correctamente a los parroquianos. Pero, sobre todo, los canarios se quejaban de que todas las rentas de la ciudad recaían en Rodrigo Alfonso, a lo que el emperador Carlos V contestaba “que toda la dicha çibdad es un benefiçio, porque al prençipio de la población de la dicha çibdad e isla no pensaron que los beneficios vinieran a ser de tanta renta, y que el dicho benefiçio lo tiene el Chantre de Caliz” lo que confirma que los privilegios que poseía el sacerdote gaditano provenían de la propia conquista de las islas.

Pero, junto al reconocimiento del alto rédito que Rodrigo Alfonso sacaba de sus beneficios canarios, el monarca ordenaba cubrir las necesidades de la Iglesia local, dividendo el beneficio de la La Laguna en ocho, si bien “entrentanto que el dicho chanciller de Caliz bibiere, que aya ocho clérigos mas benefiçiados, e que sirvan las dichas dos yglesyas perrochiales … e mandasemos que desde luego que el dicho Chantre de Caliz benefiçiado del dicho benefiçio falleçiere, quede el dicho benefiçio dividido en los ocho benefiçiados” Lo que permite decir que, como defendiese Sánchez Herrero, Rodrigo Alfonso nunca estuvo presente en las islas y aprovechó su posición como tesorero de Cabildo sevillano y su nombramiento como tesorero del Cabildo de La Laguna -dignidades que se volverían incompatibles tras el Concilio de Trento pero que podían ser recibidas conjuntamente aún en vida de Rodrigo Alfonso- para enriquecerse en las nuevas tierras que la Corona castellana ocupaba en las Afortunadas. 

Sí bien, el caso de Rodrigo Alfonso es un caso particular, no es menos cierto que fueron muchos los gaditanos que acudieron a las islas en busca de enriquecerse. Tanto en la propia conquista, como con la explotación económica de las nuevas tierras.Y que eso trajó no pocas riquezas a la ciudad de Cádiz y su entorno.


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