Cádiz ante el Bicentenario

Se supone que estamos en el año culmen de Cádiz. El bicentenario debería ser la oportunidad de nuestra ciudad de dar un salto adelante y hacerlo, además, en mitad de una crisis económica sin parangón desde la del 29. Pero, en contra de lo que pueda parecer, el Bicentenario que ahora celebramos se quedará a medias. Es cierto que tendremos Cumbre Iberoamericana y que, si acuden todos los presidentes previstos, eso nos pondrá en el centro de la información política internacional durante unos días. Y eso me hace pregúntame ¿Qué se encontraran los políticos y periodistas que lleguen a nuestra ciudad?

1º.- Lo más llamativo, sin duda, será el esqueleto del segundo puente (me niego a llamarlo “La Pepa”), que no estará terminado en 2012 y, algo me dice, tampoco en 2013. Y junto a él unos astilleros que desde hace años se hayan moribundos y huelen a muerto. El caso del astillero sevillano puede ser un aviso de que nuestra industria principal está a punto de cerrar.

2º.- La alta velocidad no habrá llegado a la ciudad. Seguirán tardándose casi dos horas de Sevilla a Cádiz (casi 45 minutos de Jerez a Cádiz) lo que hace que la ciudad siga marginada de las principales rutas de transportes del país-sigue siendo absurdo que no exista un corredor ferroviario entre Cádiz y Algeciras-, lo que nos sitúa a la cola del sector turístico, con un aeropuerto de juguete y cada vez con menos vuelos.

3º.- La ciudad no se ha modernizado. Se ha perdido la oportunidad de abrir el puerto a la urbe. Tal vez con la gran plaza que proponía el PSOE. Ya jamás se podrá realizar debido al aparcamiento subterráneo. Tampoco se ha producido mejora en el puerto, cada vez más volcado al turismo que recibe a los cruceristas en infraestructuras tercermundistas y no propias de la ciudad más antigua de Occidente –y, por tanto, con un potencial turístico-arqueológico excepcional-.

4º.- La ciudad sigue anclada en el pasado, y cada vez más envejecida, pues los más jóvenes están huyendo en busca de un futuro que aquí no hay; o porque los precios de las viviendas se vuelve prohibitivos. La ciudad está vieja, se cae por más que se le haya dado un lavado de cara (algunas rehabilitaciones integrales y mucha pintura externa), pero desde las infraestructuras, hasta los transportes están antiguos.

5º.-No ha sabido abrirse a la bahía y las rivalidades entre los ciudadanos de unas y otras poblaciones, además de ser vergonzosas, son dañinas para nuestra economía. Para colmo los políticos no parecen querer ve que la única solución es la creación real del área metropolitana y la unificación del entorno Bahía en un único ente administrativo.

6º.- Culturalmente la ciudad tampoco verá una mejora sustancial respecto a otros años. Ninguna novedad y una nueva Regata que no volverá a ser como la de 1992. No se crean nuevas infraestructuras museísticas (el Museo del Carnaval, personalmente, no lo cuento porque no sé cuando se terminará ni que contenido tendrá), alguna restauración que llega por los pelos (Oratorio) y la reapertura de un Museo de las Cortes que no puede considerarse tal. Y la oferta cultural más de lo mismo, seguiremos yendo a Jerez o Sevilla en busca de teatro de calidad.

En definitiva, el año se nos presenta bastante negativo. La publicidad institucional y el exagerado gaditanismo del gaditano nos hará creernos importantes pero nuevamente hemos perdido el tren

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