Hoy, me temo, que ganaré algún
enemigo. Pero con la que se ha armado en esta tierra nuestra donde hasta el más
pintado se vuelve nacionalista –aunque sea andaluz- y tras visionar el vídeo
completo del Conde de Salvatierra en Salvados, en la entrevista realizada por el genial Jordi Evóle, no puedo más que sacar una serie de conclusiones.
1º- Nos dejamos llevar por lo que
otros dicen. Por titulares extremistas que nos sacan de nuestras casillas sin
ir al centro de la cuestión. Un periodista dice “ha llamado vago a los
andaluces” y todos los andaluces en pie de guerra pero ¿hemos escuchado las
declaraciones completas? Obviamente no, porque en caso de haberlo hecho estaríamos
de acuerdo con más de una afirmación del hijo de la Duquesa.
2º.- Visto de inicio, que la Casa
de Alba reciba 3 millones de € en subvenciones parece descabellado. Luego vemos
que tiene 25.000 ht. de tierra –conseguidas a lo largo de la historia
de la forma que sea- por la que no recibe más que aquello estipulado por ley;
que hace que nuestros alimentos bajen de precio y que se incentive la
producción interior y no la importación de productos básicos como son los agrícolas.
Otra cosa sería lo que yo pueda pensar de esas subvenciones pero, a día de hoy,
son legales, están ajustadas por la UE y no hay más. Y son iguales para el hijo
de un noble español que para olivarero italiano o un ganadero alemán ya que
provienen de la Política Agraria Común aprobada en Bruselas.
3º.- Estoy de acuerdo con él en
una cosa: desgraciadamente Andalucía no está en el lugar que le corresponde y,
en gran parte, es culpa nuestra. Hemos recibido inversiones importantes pero no
las hemos explotado. A cambio, hemos exportado la imagen del vago, aprovechado
del Estado, catetos y graciosos (y solo hay que poner Canal Sur para ver que
nosotros mismo hacemos de esa imagen nuestra bandera). Contamos con una
educación pública a años luz de nuestros con vecinos -debido en gran parte a la falta de medios y no a la calidad del profesorado-, que nos hace estar en los
últimos puestos de cualquier lista sobre alfabetización. Pero no importa,
exportamos a Omaita, Toni Rodriguez, Paz Padilla, ... y con nuestra gracia innata llegaremos a dónde sea.
4º.- La fama de vagos y
subvencionados también la hemos ganado a pulso. Cierto que es una minoría la
que prefiere un subsidio (los agrarios –antiguos PER- quizá sean el mayor
exponente) que buscar un trabajo legalizado. Y véase que digo legalizado,
porque estoy convencido de que muchos de esos subsidiarios andaluces trabajan,
pero en B. Aunque no es menos cierto
que hay muchos, demasiados, andaluces que optan por no buscar trabajo hasta que
se acaba el paro; y que en estas circunstancias de crisis actual conlleva que
muchos no vuelvan a encontrarlo. Y negarlo, a estas alturas de la película,
solo porque haya sido dicho por el noble hijo de un Grande de España me hace
sentir pena por nuestro futuro.
5º.- No creo que los andaluces –en
general- sean vagos. Han demostrado a lo largo de la historia como han emigrado cuando
el trabajo escaseaba en estas tierras. Y han estado a la cabeza cultural e
industrial de España cuando las circunstancias han sido propicias. También es
cierto que hay trabajos que no estamos dispuestos a hacer, sobre todo
vinculados con la agricultura, para los que está entrando mano de obra esclava
(léase, inmigrantes con/sin papeles a los que se explota por una cantidad
irrisoria en una gran mayoría). Aun hoy son muchos los que se parten los cuernos para sacar un jornal; los que se ven obligado a emigrar fuera de nuestras fronteras porque aquí no encuentran nada. Son muchos los que trabajan de sol a sol por un sueldo que, en otras circunstancias no compensaria. Pero luego salen los Eres, el PER, los ex-Delphi -luchando por subsidios y no por trabajo desde hace más de 5 años-; los "pacos" de voz ronca y sitio en el bar y destrozan lo realizado por la gran mayoría de los andaluces.
6º.- Respecto a lo dicho por
Cayetano sobre la justicia medieval, más allá de mostrar su ignorancia sobre el
tema, no me cabe duda de que se trataba de una broma hecha por alguien que
carece del don de hacer gracia.
Dicho todo esto, lo que me da más pena es la repentina salida de tantos y
tantos en defensa del ser andaluz, pero que no lo hacen cuando nuestra
televisión autonómica se llena de viejos buscando novia en los programas de
Juan Ymedio -y que sirven de mofa en toda España, por cierto-; que no dicen nada cuando los Morancos nos traen “el gracejo” andaluz de Omaita, la mari andaluza por antonomasia;
que callan cuando nuestra televisión tiene en Arrayan su máximo exponente serial, y relega a horarios intempestivos los programas que hablan sobre el I+D andaluz. Que guardan silencio mientras la Junta exporta la imagen de
toreros y cantaoras para atraer el turiso. Que no dicen nada de un gobierno autonómico que convierte al flamenco en culmen de la cultura y se
olvida de inculcar Cultura a sus infantes.
Alzamos la voz ante las declaraciones
del Conde de Salvatierra pero ¿no le han dado voz los mismos que critican? ¿Acaso
no son andaluces los que llenan las calles para ver a su madre
casarse nuevamente? ¿no se aplaude a la familia en cada corrida de toros,
feria, festividad en la que aparezcen?
Somos nosotros los culpables de la
imagen de Andalucía. Y sí, es más fácil mirar fuera y atacar a los que nos atacan,
pero lo que realmente deberíamos hacer es mirar lo que circunda a nuestro ombligo –ese ya lo miramos
demasiado- y ver todas las imperfecciones que debemos pulir. Comenzando por un cambio en profundida de Canal Sur.