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De recuerdos y agradecimientos

A veces, allí donde menos lo esperas, te reconcilias con tu mundo y tu vida. Y, esas veces, vas descubriendo sorprendido como la ofuscación te hizo perder el norte sobre lo verdaderamente importante de la cuestión. Eso me pasó ayer mismo, en la presentación del libro Animales en la Historia, que recoge las aportaciones del congreso anual de Ubi Sunt? del pasado año. 

Y allí, en la presentación más profunda de cuantas le recuerdo a José J. Rodríguez -aca Gades Noctem- recordé porque en la ya lejana fecha de 1997 y junto a otros compañeros comencé una aventura histórica que me dejó más alegrias que tristeza: fuimos afortunados (o tontos del culo, como tambien definió José Joaquín a quienes investigan por placer y sin cobrar) porque hicimos lo que quisimos en un momento en el que las prácticas aún no exisitian en carreras de letras. 

Sé, además, que gran parte de lo que soy hoy como historiador se lo debo a aquellos años junto a la gente de Ubi Sunt?. Años en los que aprendí a marchas forzadas a escribir un artículo, a investigar un tema, a coordinar congresos y revistas; años que también se llenaron de vivencias personales que no pueden ser empañadas por un final propio de tragedia griega políticamente correcta -ni se mató al gordo, ni el gordo mató a los flacos-.

Pero quizá ese mismo final tragico para mi andadura en Ubi Sunt? -y del que, por cierto, solo me arrepiento de mis formas no del fondo que me llevo a salir de allí- me hizo perder perspectiva hacia la propia asociación. Una Asociación que nació con el espirítu de ser referente para los estudiantes, que se cargó de sueños utópicos y que se creyó herramienta valida para el aprendizaje de sus componentes. Mucho tiempo después -¡ya ha llovido desde aquel segundo de carrera mágico que vivimos-, muchos de nosotros encontramos nuestro sitio en la historia: Santiago Moreno se encuentra entre las cabezas mejorpensantes de la Memoria Histórica, con una gran trayectoria profesional a sus espaldas; Olga Bueno es de las más importantes firmas sobre Costus; José J. está subiendo en el mundo de la Historia del Cómic y prontó verá su segundo libro sobre el tema publicado (Historia de la Marvel, ed. Dolmen); Gema León es una de las grandes especialistas en Historia de la Musica gaditana; Virtudes también publicó sus historias sobre la represión,  Javier L. en el mundo de la gestión cultural y de fundaciones;... y yo mismo no me puedo quejar. Otros, quizá, encontraron su lugar en otro rincon, normalmente volcados a la docencia.

Lo cierto, es que aquel grupo fue labrandose su posición en el mundillo histórico local; sin dejar de lado el crecimiento brutal de la propia asociación que ya es un referente para otros muchos, dentro y fuera de la Universidad de Cádiz y que ha sido reconocida con diversos premios. Pero, quizá, en un momento olvidamos para que nació Ubi Sunt?, que debía ser herramienta para los que vinieran detrás, para estudiantes con ganas de comerse el mundo y aprender; para gente que amase la historia tanto como nosotros, que ya comenzamos a ser historiadores autonomos. Aunque, según creo, ya ha comenzado a renovarse con sangre nueva, por lo que le auguro una larga existencia que compensará con esfuerzo e ilusión el largo periodo de crisis económica que, lamentablemente, afectará a la cultura, de la que son referentes gaditanos con 26 revistas de historia, creo que van diez congresos, cuatro o cinco libros publicados, campañas de promoción de la lectura, campaña de Bookcrossing, mesas redondas, exposiciones de arte,...

Pero les hablaba de ayer. Y ayer José Joaquín me recordó todo esto en las palabras más serias que le he oído jamás tras una mesa de Ubi Sunt?. Así que muchas gracías por recordarme todo lo bueno de esta Asociación y tengan por seguro que, desde mi exilio voluntario y definitivo, seguiré apoyando la labor de Ubi Sunt? con todas mis fuerzas y deseando larga vida a esta ya longeva asociación. Deseando de todo corazón que, dentro de diez o veinte años, sean otros los que hablen con añoranza de ella y los que puedan recordar que parte de su bagaje profesional proviene del sueño utópico de unos cuantos chalados amantes de la historia.

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