1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha contra el Sida


El acceso a los antirretrovirales ha hecho disminuir el número de muertes por el sida

El último informe de ONUSIDA publicado a mediados de noviembre, señalaba que en la actualidad, las personas infectadas con el VIH viven más años (ya se habla del sida como enfermedad crónica), y que el número de muertes relacionadas con esta enfermedad ha disminuido de manera notable gracias a los efectos de la terapia antirretroviral. La historia que hoy relatamos es un ejemplo de ello.

Daniel: una historia con sabor agridulce

Daniel es un niño de 15 años al que tuvimos la grandísima suerte de conocer en Kampala: abierto, simpático y lleno de vida. Como todos los adolescentes de su edad, Daniel tiene sueños e ilusiones, que quizá ahora pueda ver cumplidos; tal vez dentro de unos años le veamos trabajando de actor, o detrás de la cámara, o contagiando su optimismo a los demás como asistente social, igual que su gran amigo Brian.

A pesar de su corta edad, Daniel sabe bien lo que son el abandono y la marginación. Es uno de los millones de niños infectados por el virus de VIH que hay en África. Huérfano desde los cuatro años, parecía condenado a una muerte segura. Vivía con su tía, que se hizo cargo de él al morir sus padres. La ignorancia llevó a la mujer a dejar que la vida de su sobrino se consumiera poco a poco, tirado sobre un colchón y sin recibir ningún tipo de asistencia. Era uno de esos infectados por esa  enfermedad de la que era mejor no hablar. No querían en su casa a un niño que hiciera que los vecinos les señalaran con el dedo y que, además, podría ser un peligro para todos.

La suerte quiso que un día  pasara por delante de su casa una trabajadora de la clínica para enfermos de Sida del centro Padre Pío. La mujer se interesó por él y pidió que le llevaran a la clínica. Desde entonces, la vida de este pequeño desahuciado cambió por completo. Comenzó a recibir atención médica y tratamiento, además de visitas y atención a domicilio de los asistentes sociales. Ahora, Daniel asiste al colegio, donde es un estudiante brillante; recibe tratamiento con antirretrovirales y ante él se abre un futuro lleno de esperanza. Su tía, que le acoge en su casa, le quiere "a su manera", sus primos son ahora algo parecido a sus hermanos y su amigo Brian, el trabajador social que el centro ha asignado para que se ocupe de él, se ha convertido en su mayor referente y apoyo.


Conocer a Daniel y a Brian fue uno de esos regalos con los que te obsequia la vida. El tiempo que pasamos con ellos nos llenó de optimismo y esperanza. ¡Es tanto lo que se puede hacer! Pero también nos dejó un cierto poso de amargura, una sensación agridulce: “¿Cuántos Daniel –nos preguntamos- habrá en este mundo, que derrocha a manos llenas, esperando un tratamiento que quizá no llegue nunca?”.

La clínica de Gabba, que pertenece al Centro Padre Pío, es solo uno de los muchos proyectos de prevención y tratamiento del sida que Manos Unidas apoya en África, Asia y América.  

Según el último informe de ONUSIDA, en 2010:
  • A fines de 2010, aproximadamente 34 millones de personas vivían con el VIH en todo el mundo.
  • Unos 2,7 millones de personas se infectaron por el VIH.
  • Alrededor del 68% de todas las personas que vivían con el VIH residían en África.
  • Entre ellos, unos 390.000 eran niños.
  • La incidencia del VIH ha caído en 33 países, 22 de los cuales pertenecen a África subsahariana, la región más afectada por la epidemia del sida.
  • El sida se ha cobrado al menos un millón de vidas al año en África subsahariana desde 1998.

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