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San Borondón


Borondón el navegante es uno de esos santos que cayó del santoral por lo fantástico de su historia. Per cuya labor evangelizadora bien merece la santidad. Si bien, su leyenda, convertida poco después de su muerte en uno de los relatos más conocidos del mundo medieval acabó ocultando al verdadero abad de Clonfert (Irlanda).
 
Nacido en Irlanda en el 484 su existencia está más que probada, convirtiéndose en uno de los evangelizadores irlandeses en un momento en el que sus compatriotas extendieron el cristianismo por muchos lugares del mundo.  Y tal fue su fama de santo que fue elevado a los altares hasta que Pablo VI decidió retirar su nombre del santoral.

Pero San Borondón fue  más conocido por su periplo legendario a la Tierra de Promisión que por su evangelización.  Se dice que cuando conoció la existencia de esas tierras, el monje emprendió camino en su búsqueda pero, sobre todo, en busca de Mernoc, hijo de Barinto, quién le suplicó que lo buscase pues el mismo no podía ir. Con ayuda de catorce monjes, que le acompañaron en su travesía, el entonces abad, Borondón construyó un barco y se lanzo al mar. Durante siete años vagó por el océano, encontrando islas, monstruos marinos y nuevas tierras nunca visitadas por el hombre. Tanto navegaron que llegaron a la tierra de los condenados y las cruzaron para continuar su camino hasta el paraíso de los bienanventurados.

El periplo de San Borondón fue creciendo con el paso de los años y las etapas de su viaje se extendieron por toda la Europa medieval en boca de ciegos y trovadores. Así sabemos que su primera parada le llevó a un castillo-isla en la que solo habitaba un perro y un diablo etíope. Luego una isla en la que un joven les da agua y pan; una isla llena de ovejas (que dicen pudieran ser las Feroes) en la que pasaría la Semana Santa; de ahí pasaron a una nueva isla en la que celebraron Misa y en la que, al encender fuego, comprobaron asustados que comenzaba a moverse descubriendo que era la ballena Jasconius. Esta isla dicen que es la mítica isla San Borondón de las Canarias, que solo es vista cada muchos años al bajar el mar lo suficiente. Después de su encuentro con la ballena continuaron hasta la Isla de los Pájaros, que según la leyenda eran ángeles que se habían mantenido neutrales en el enfrentamiento entre San Miguel y Lucifer. 

Tras su periplo por las islas volvieron durante tres meses cuando alcanzaron la isla de Ailbe, habitada por monjes. Llegarán posteriormente a la isla de las uvas, donde obtienen el vino necesario para la consagración y vuelven al convento de Ailbe a pasar la Navidad. Y al reemprender el camino tuvieron que cruzar el infierno, donde fueron atacados por muchos monstruos y donde un nuevo fraile perdió la vida comido por uno de ellos (a estas alturas del viaje ya habían fallecido otros dos). Pese a todo lograron atravesar los infiernos y llegaron hasta el pilar de cristal que anunciaba la Tierra Prometida en la que entrarán a lomos de Jasconius para regresar posteriormente  a Irlanda donde morirá San Borondón.

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