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Nuño de Lara, señor de Vizcaya

Alburquerque y Cristóbal descansaban a la sombra de la muralla, observando apesadumbrados como los cuervos picoteaban la cabeza de Garci Laso. El relato de la cruel venganza de Pedro había corrido por todo el reino y los nobles habían comenzado a conspirar contra el monarca. Cristóbal lo sabía, sus espías le habían informado de lo que estaba ocurriendo y de un suceso que le había llamado la atención sobre el resto: el niño Nuño de Lara, señor de Vizcaya, había salido de Burgos junto a su aya.

-¡El rey se marcha!- un soldado llegó corriendo hasta ellos- ¡Dicen que va tras de Vizcaya!

Los dos gentilhombres se miraron y Cristóbal salió corriendo hacia las caballerizas. El rey ya había partido pero él era un gran jinete y pronto se puso a la zaga del monarca. Lo habían hablando entre susurros a la sombra de los muros de Burgos, temían que la sed de sangre del joven monarca no se hubiera saciado y se lanzase contra del hijo, de apenas un año, del antiguo señor de Vizcaya, pero jamás pensaron que lo haría en persona. Cabalgaron hasta Paredes de las Navas pero cuando llegaron los nobles castellanos afines al difunto Juan Núñez, habían alcanzado la villa antes y huían al señorío con su nuevo y jovencísimo señor.

Pedro maldijo y ordenó preparar su ejército. No dejaría que el niño se salvase y, mientras los mensajeros salían hacia Burgos para comunicar los deseos del monarca, el rey continuó su cabalgada tras Nuño. Pero el niño fue trasladado a Bermeo y las huestes castellanas tuvieron que detenerse en Las Encartaciones. Cristóbal trató de hacer entrar en razón a Pedro, pero el monarca no escuchó palabra alguna y mando llamar a Fernán Pérez de Ayala.

-Fernán- Cristóbal lo abordó al salir de la tienda real-Decidme ¿qué órdenes os dio don Pedro?
-Debemos ocupar Vizcaya, pero los de Nuño han levantado un ejército de 10.000 almas, será complicado llegar a Bermeo a por el niño. Aun así -confesó Fernán, que ya sabía de la posición de Cristóbal en la Corte- lo intentaremos. Ya hemos visto que le ocurre a aquellos que se oponen a su voluntad.

Cristóbal siguió la mirada de Fernán hasta los cuerpos que colgaban a la entrada de la villa y asintió. La violencia desmedida de Pedro estaba creándole demasiados enemigos y la persecución a Nuño había enfurecido a la nobleza. Sin embargo, se dijo, el pueblo comenzaba a ponerse a su lado. La nobleza había explotado a los campesinos durante demasiado tiempo y ahora estos veían como un rey venia a colgarlos a la puerta de sus castillos.

Fernán se lanzó a la guerra, dos años tardó en ocupar Las Encartadas, pero el joven señor de Vizcaya no soportó la dureza del asedio castellano y dos años después, en 1353 y con la edad de cuatro años, su alma vagó a la diestra de Nuestro Señor.

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