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Navas de Tolosa II

Este fin de semana que hemos dejado atrás tuve la suerte de participar en la I Recreación de la Batalla de las Navas de Tolosa (Jaén) que se convertía, además, en mi primera experiencia en una actividad de este tipo. Pero, una vez concluido el evento, sólo puedo decir que no será el último. Por muchos y múltiples motivos. 

Milicias Concejiles cuyo grueso -absténganse del chiste fácil- estuvo compuesto por los hombres de  la sala Fortún de Torres

En primer lugar por las personas que he podido conocer en estos casi tres días y, aunque a aquellos con los que viajaba ya los conociese de antemano, la convivencia con ellos ha sido absolutamente magnifica y una de las mejores cosas que me traigo de Jaén. Pero, además, he podido conocer a otros muchos. Personas normales, profesionales en sus respectivos lugares de origen, que han viajado desde toda España hasta las Navas, muchos con sus hijos y familias y que se alejan del estereotipo de freak (no confundir con friki). Y quizá eso sea lo más sorprendente. En contra de lo que se pueda imaginar los recreacionistas son personas absolutamente normales que, simplemente, aman su historia y quieren recuperarla.

Las Milicias Concejiles, vanguardia del ejército, cargando contra los moros.                             Foto: Jacobo Canovas


Eso fue lo que ocurrió en las Navas, donde 150 personas –arriba o abajo- recrearon la batalla más importante de la Edad Media española intentando mantenerse fieles a la historia y, a su vez, pasar un buen rato entre amigos. Porque, al final, la camaradería se impone y el luchar hombro a hombro con hombres a los que no conocías tiene su aquel. Y ya no importaba sufrir las inclemencias del tiempo con el abrasador sol de las Navas que recalentaba cotas y yelmos; una naturaleza aciaga que llenaba de zarzas el campo de batalla; el peso de las armas o el daño que, inevitablemente, conlleva su uso y que marcó a muchos para unos cuantos días –bien fuera con algún corte, algún esguince o moratones por todo el cuerpo-, el cansancio final y, casi se podría decir, la solitaria desazón al llegar al final la batalla recreada.

La soledad del final de la batalla.                                                                                                   Foto: Alain Cañellas Tapiz

Pero aun así, poder cargar colina arriba junto a tus compañeros –de milicia en mi caso y en primera línea de cobate- y viajar al pasado para revivir la batalla bien mereció la pena y el cansancio. Y es que ¿quién no ha soñado en viajar en el tiempo?¿qué historiador, en sus sueños infantiles, no se ha visto cabalgando a lomos de un caballo, visitando a Julio Cesar o siendo la mano que soltaba la guillotina en la Bastilla? Pues la recreación ha sido, al menos para mí, un pequeño viaje en el tiempo que estoy seguro de que el año que viene volverá a reproducirse.

En el fragor de la batalla.                                                                                                                Foto: Alain Cañellas Tapiz

Porque el pueblo se ha volcado y la organización ha estado magnifica, con la gente de Battle Honours siempre atenta a cualquier necesidad. Mejorando sobre la marcha cualquier posible descoordinación y vigilando que todo saliese a la perfección. Trabajando por conseguir que esta I Recreación fuese algo más que el ensayo general de la que vendrá el año que viene pero que ya se ha convertido en el mayor evento recreacionista de España.

Foto:Compañía Almogavares de Almansa

Así que, al final, uno solo puede decir: gracias y nos vemos en la próxima.


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