Y el verano ya llegó

Me gusta el verano, en parte. Hay otra parte que no tolero. Me gusta porque es la fecha en la que los amigos vuelven a casa y este agosto volverá a reunirse en Roche parte de la Marabunta, esa que anda desperdigada entre París, Edimburgo, Madrid y Alicante. Esos que no importa el tiempo transcurrido desde la última visita para saber que todo sigue igual. Además es el tiempo de sentarse en el porche, a mirar las estrellas mientras la luna asoma temerosa entre los pinos, y leer o hablar con la familia hasta que el sueño vence.


Pero hay otra parte que odio: la de la chabacanería de la camiseta de tirantes y zapatillas a todas horas y en todo sitio. El convertir los meses de verano en un todo vale dónde la educación y el saber estar dejan paso a la zafiedad. No me considero una persona clasista pero no me gusta entrar en un restaurante y tener que comer viendo el pecho –depilado o no- de mi vecino de mesa. Ni tengo necesidad de olfatear el olor de los pies de cualquiera de ellos, pues eso de que el calzado descubierto no huele es un mito, ya que la plantilla se empapa de sudor.

A parte, claro está, de la estética. En estos meses se pierde por completo y no es raro ver a seres vestidos con pantalón pirata (algo que, sobre todo, aborrezco cuando se acompaña de estampados militares), camiseta de tirantes y zapatillas de cuero o similar con los dedos al aire en lugares dónde el resto del año se iría con chaqueta y puede que hasta corbata. 

Así que, amigos míos, me recluiré en Roche soportando a niños de papá con peinados a lo “Meloco” y aires de superioridad sobre los pobres provincianos que sufrimos las inclemencias gaditanas todo el año, porque de esos otros también se podría hablar largo y tendido. Por la falta de educación que desprenden, por el desprecio con el que tratan a los trabajadores de aquí, por el intento de regateo en cada bar o tienda como si cualquiera de ellos fuera un zoco tradicional marroquí. He llegado a escuchar de bocas de estos seres maleducados que Cádiz es tercer mundo. Suelo responder lo mismo: si no les gusta este pequeño rincón, sus precios y su gente, quédense en su casa, soportando el calor en piscinas de agua recalentadas y déjenos a nosotros tranquilos. Pero como no lo harán, solo me queda esperar que el verano pase rápido y con más gloria que pena.

Comentarios

alejandra ha dicho que…
Fornell esta es una de las entradas más feas y más clasistas que he leído en tu blog? acaso los hombres deben ir en camisa y pantalon largo todo el verano? qué hay de malo en los pantalones piratas y en camisetas de tirantas? mi padre es de los que se quita la camiseta y no lo considero ni chabacano ni zafio... en serio, una entrada feísima e insultante...
Javi Fornell ha dicho que…
Bueno Ale, ya te he comentado por otro lado. Es cierto que no queda claro que se refiere a lugares concretos, e igual que he dicho pirata podría haber dicho bermudas o bañador, que tanto me da -y que yo uso a diario pero no para según que sitios-.

Pero me sigue pareciendo una falta de educación entrar en un restaurante (o un teatro, por ejemplo) como si fueras a la playa.

Y si pensar que a cada sitio hay que ir acorde con el sitio es de ser clasista, pues entonces debo serlo.

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