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Perdido...

Vaya por Dios, mi locura me está abandonando y me estoy volviendo un ser tosco, aburrido y previsible. Ya no me creo dios, ni paso calor en diciembre. No sé dónde se habrá ido ese punto de irracional que tenía mi vida últimamente. Quizá sea el cansancio de un año cansado o, quizá, sea que en el fondo soy lo que soy: un ex delgado (eso dicen, yo juraría que siempre fui gordo) encabronado.

Lo único que sé es que necesito encontrar ese punto que hacía que cada día fuera diferente al posterior. Justo ese lugar de la mente en el que la racionalidad se vuelve tan ilógica que todo se hace nuevo, sorprendente, alentador. Quizá haya perdido mi espíritu de Peter Pan, pero creo que no, que simplemente es que necesito descansar las neuronas para dejarle tiempo de desvariar.

Y es que, hasta hoy, no me he dado cuenta de lo dura que es la vida del loco para mantenerse en el nivel adecuado de locura.

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Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
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Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.