Pequeñines no, gracias, debes dejadlos crecer.

A veces me pregunto en qué mundo de locos vivimos y hoy es uno de esos días. Ayer, enfrascado en la lectura de La Caída de los Gigantes decidí dejar que el blog descansase hoy. Pero al levantarme y leer el Diario no he podido reprimirme. Ayer, de la mano de Ken Follet, seguía las brutalidades del frente durante la I Guerra Mundial: tiempos de guerra, siempre se ha dicho, donde la crueldad gana enteros sobre la cordura y puede llegar a explicar según qué cosas entre los propios soldados, pero ¿qué razón hay para quemar, golpear y orinar sobre un discapacitado? Ninguna, está claro. Pero cuando además los hechos se producen entre niños de 13 años por culpa de un teléfono móvil –como pasó el pasado jueves en La Línea- la cosa se agrava.

Y habrá quien diga que siempre estamos mirando atrás para decir eso de “en mis tiempos” (si, ya estoy en esas edad en la que puedo decirlo), pero lo cierto es que en mis tiempos, con 13 años, yo andaba jugando en la calle con los amigos, o la fútbol o a una suerte de Warhammer –que aún no existía- con miniaturas de la II Guerra Mundial, o al rol. Pero hoy la violencia está incardinada en nuestra sociedad y no es el primer caso de menores vejando –o asesinando- a otros menores. Quizá el problema radique en una cultura del “Todo vale” dónde la televisión y la sociedad nos muestran que el esfuerzo debe quedar a un lado para evitar el fracaso (escolar, laboral, personal), para fomentar precisamente eso. Pero, sin duda, el problema radica en la educación, esa que se ha perdido haciendo desparecer una palabra fundamental: respeto. No tolerancia, no. Respeto. Respeto al que es diferente o piensa diferente. Saber respetar al prójimo le permite al hombre vivir en sociedad, aun siendo asociales como somos. El respeto es la base fundamental de la Democracia y debería serlo de la vida diaria.

Pero hay más, porque solo con eso no se entiende. Nuestra sociedad se agrieta y, que quieren que les diga, me da más pena que miedo. Pena porque los niños han perdido la infancia ¿Qué hace un crío de 13 años con un móvil? ¿Realmente es necesario hacerlos adultos tan pronto? ¿Qué dejarán para cuando lleguen a los 20 si todo lo están viviendo ya? Recuerdo aquella publicidad de hace años de "Pezqueñines no, gracias, debes dejadlos crecer", y me planteo que bien valdría ahora para nuestros niños. Y no los estamos dejando vivir, desde la televisión, las familas, las aulas... les hacemos crecer antes de tiempo robandoles lo parte más bonita de nuestras vidas.

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