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Domingo de Carnaval

Navarro esperó el informe de vigilancia. Nadie se había acercado a la casa pero los policías referían en su informe la presencia de un hombre en el mismo bar en el que ellos habían estado. Cerrado el bar, el hombre había entrado en una casa de la misma calle y habían podido comprobar que cada cierto tiempo se acercaba a la ventana y observaba el piso de la chica muerta. El inspector levantó el auricular y llamó a Echevarría para poner en común sus pensamientos.

Sentía que desde el principio se había confundido, había equivocado el punto de vista y era el culpable de la muerte de la joven. Se había centrado en el chico sin sospechar en ningún momento que la suya fue una muerte casual. Ahora lo tenía claro. Todo giraba en torno a la mujer, y el miedo que mostraba confirmaba su suposición.

-¡Maldita sea!- dijo al entrar el forense vasco- ¡Ella es la clave y algo me dice que el vecino sabe mucho sobre el tema!.
-Vamos por él- repuso Echevarri encogiéndose de hombros.
-No podemos, lo he intentado, pero no tenemos permiso. Tendremos que esperar que cometa un error.
-¿Y si no lo hace?
-Lo hará.
-Sabes tan bien como yo que eso solo pasa en las películas. Esto es la vida real: o le presionamos o se nos escapará.
-No tenemos nada en su contra. ¡Nada! ¿No lo entiendes? Sólo mi corazonada y eso no nos valdrá en juicio.
-Algo hay que hacer. No podemos dejarlo así. Vamos a la casa de la vieja.
-¿De la vieja?- preguntó Navarro, pero recogió la chaqueta y salió tras el vasco.

Llegaron a la casa en menos de media hora y miraron de soslayo al bar, primero, y a la casa, después. El hombre se encontraba sentado en el bar, en el mismo lugar que el día anterior, vigilado por un nuevo agente. Subieron la escalera hasta la primera planta y llamaron a la puerta. Les abrió la mujer y les dejó sentarse en el sofá.

-¿Puede usted acercarse con discreción a la ventana y mirar al bar de enfrente? –la mujer avanzó con tranquilidad y miró desde detrás de los visillos- ¿Reconoce a alguno de los clientes?
-Sí –dijo- está el Canijo. Vive ahí enfrente.
-¿Tenía relación con su vecina de arriba?
-Sí, creo que sí. Venía mucho por aquí.
-Gracias- dijo Echevarria- Eso era todo.

Salieron al pasillo y subieron a la planta superior. Llamaron a la puerta y esperaron a que le abriesen la puerta.

-Sabemos quién mató a su hija, pero necesitaremos su ayuda.

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En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
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