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¡Que nos lo han matado!

¡ay! Que me lo han matado. Que le han pegado dos tiros a traición ¡malditos! Que estaba con su niño y nos lo han matado.

O algo así gritaban en Grazalema recordando la muerte del Tempranillo. El último gran bandolero de la sierra (con permiso del Lute de Grazalema, recién detenido por la Guardia Civil) hoy convertido en mito. Pero el mismo grito se podría oír ayer en más de una cueva de Afganistan al saltar la noticia del asesinato de Ben Laden y ver a Obama gritando a los cuatro vientos que el malvadísimo y maligno caudillo terrorista más perseguido de todos los tiempos recientes, yace en el fondo del mar. Como Bob Esponja y la Sirenita, lo que hace que muchos –muchísimos- piensen que Osama no es más que un cuento para dormir niños traviesos.

Ahora, que como anda el mundo, y teniendo en cuenta que Ben Laden, antes de terrorista fue agente de la CIA, no hemos de descartar que el muchacho ahora vuelva a trabajar para los EEUU, con nuevo nombre y nueva identidad. Por lo pronto, su primer trabajo parece dar sus frutos y la popularidad de Obama al menos ha detenido su caída.

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