Domingo de Carnaval (V)

-No lo entiendo, chico- dijo Echevarría- ¿porqué no quieres que avisemos a tus padres?
-Nadie sabía que hemos venido. No se lo dije a mis padres. Si supieran que me he venido a los carnavales se podrán hechos unas fieras.
-Creo que ya no hay remedio –Navarro se acercó al chico y le puso la mano en el hombro-. No hay nada que pueda evitar que se enteren y lo mejor es que vengan cuanto antes –Cholo asintió con la cabeza y Echevarría saltó fuera de la sala para llamarlos-. Pero hay algo más, ¿cuántos vinisteis? ¿Tienes los teléfonos de los demás?

Cholo volvió a asentir y apuntó en un papel los nombres y teléfonos de sus amigos. Navarro salió, y buscó a la psicóloga que iba a entrar con el chico.

-Algo ocurre con sus padres –le dijo-, tiene demasiado miedo. Intenta adivinar que ha pasado entre ellos, mientras nosotros localizamos al resto de amigos.
-Sus padres ya han salido para acá- el vasco apareció de pronto con dos tazas de café en la mano-. He hablado con la madre, no creía que su hijo estuviera en Cádiz y he tenido que insistirle para que venga. Finalmente se ha puesto su padre, me ha dicho que creen que podrán estar aquí antes de cuatro horas.
-¿No le has ofrecido un coche? No me gustaría que ocurriera algo por el camino.
-Lo hice, pero no han querido- le ofreció una taza de café a Navarro- ¿llamamos a sus compañeros?

Durante media hora, ambos hombres estuvieron sentados frente a frente con el teléfono en una mano y llamando a los ocho amigos que aún restaban por ser avisados. El juez llamó sobre las 11h, preguntando por la investigación pero Navarro tuvo que reconocer que no había novedades, que ningún amigo había aportado nada más y que todos hacían referencia al enano. Aún así, le recordó al juez, en carnaval nada es lo que parece y menos con la cantidad de alcohol que corría por las calles.

-Deberíamos hablar con los vecinos. Es posible que alguien haya escuchado o visto algo- dijo Navarro- ¿me acompañas?

El forense vasco se atusó la coleta y miró a su amigo negando con la cabeza.

-Aquí hay algo más. No creo que sea fortuito este asesinato, pero nadie sabía que estaban en Cádiz…. ¿Qué pasó en esos minutos en los que se separa de los amigos?¿y quién cojones es el enano? Tal vez debiéramos pedir ayuda a la prensa ¿Qué me dices?

Navarro miró por la ventana, se atusó el pelo y cogió la chaqueta. Subió las escaleras hacía la azotea y marcó un número de teléfono.

-Ana, tengo una noticia para ti pero sólo podré darte datos sueltos. No quiero que vayas más allá ni que investigues, te prometo que serás la primera en saberlo todo llegado el momento. Pero por ahora no tenemos nada –la periodista de EFE asintió al otro lado del teléfono, no era la primera vez que llegaba a un acuerdo parecido con Navarro, y el policía nunca le había fallado.

Todo los datos sobre el enano, la hora y la zona y corrió a la redacción a preparar una noticia que media hora después ya habría aparecido en todos los medios digitales.

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