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Isabel I

Hoy cierro el periplo histórico por los reyes castellanos. O debería hacerlo pues prometí terminar con Isabel la Católica y hasta ella hemos llegado. Pero una reina como ella no merece reducir a una pequeña entrada su vida. ¿Cómo reducir el reinado más trascendental de nuestra Historia a unas pocas palabras?

Lo cierto es que Isabel jamás debió reinar. Era la hermanastra pequeña del rey Enrique, tía de una niña (Juana) heredera legitima y hermana del infante Alfonso, que se tituló rey en la Farsa de Ávila. Pese a todo logró firmar un acuerdo con Enrique para ser nombrada sucesora ante las dudas sobre la paternidad de su sobrina Juana. Pero el Tratado de los Toros de Guisando conllevaba el matrimonio de Isabel con el portugués Alfonso V, rompiendo el compromiso con el infante aragonés Fernando (con el que estaba comprometida desde los 3 años) y con Carlos de Viana (con el que se comprometió posteriormente por motivos políticos). La joven no estaba dispuesta a aceptar un matrimonio de conveniencia. En 1470, Enrique da un nuevo giro y establece el matrimonio entre Isabel y con el duque de Guyena, hermano de Luis XI de Francia, que muere en extrañas circunstancias. Será entonces cuando Isabel muestre sus cartas y en octubre de 1469 había contraído matrimonio con Fernando, infante de Aragón y rey de Nápoles. Una vez en el poder, ese matrimonio se convertirá en fundamental al realizar una unión práctica de ambas coronas –que no de los reinos- en una misma persona: primero Fernando, después Juana y, finalmente, Carlos I.

El reinado de Isabel se caracterizara, además, por la finalización de la conquista de Granada. Las fronteras se habían mantenido estancadas durante casi 200 años, pero ahora la Corona Castellana, superada las crisis dinásticas y asentado el poder de la Reina en las ciudades, dejando de lado a los grandes señores nobiliarios que, tradicionalmente, habían sustentado a los monarcas jugando con ellos a su antojo no pocas veces. Pero Isabel y Fernando vieron en las nuevas clases urbanas, enriquecidas gracias al comercio y ofuscadas por el poder político de los nobles, que no siempre venía acompañado de riquezas, y les dieron su cuota de poder. Las milicias ciudadanas y los impuestos de las ciudades de realengo supusieron la base económica de la nueva monarquía hispana, permitiéndole continuar la conquista de Granada y, más importante aún, sufragar la conquista de las Canarias –primero- y de América –después-.

El reinado de Isabel supone así el cambio en las reglas establecidas: políticamente se unen las dos coronas en una misma cabeza y se sientan las bases de esas Españas que causarían miedo y admiración en toda Europa. Económicamente se apoya en las clases altas de la sociedad, una proto-burguesía comercial que le aporta riquezas e independencia frente a los nobles. Desde un punto de vista social se establece la “España Cristina”, expulsando a judíos y musulmanes permitiendo una unificación cultural que terminara con la riqueza que traía la mescolanza. Además, el apoyo a Colón en su viaje a las Indias llevará a cambiar el mundo: el descubrimiento de las nuevas tierras girará el eje mundial para situar su epicentro en la península. Los estados hispanos, que llegaban tarde a la modernización que se producía en toda Europa, se convertían ahora en el eje que movía los hilos políticos y económicos.

Demasiado, como ven, para reducirlo en unas pocas palabras.

Comentarios

rlfox ha dicho que…
¿Que sentiria alguien de la su talla al encontrarse con el regalo del destino?
Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Debio ser tremendo, encontrarse al precipicio del poder absoluto, militar y economicamente hablando.
Salu2
Pd.Algo de friki también tengo, no sé si te has coscado.
Javi Fornell ha dicho que…
Todos somos frikis en esta vida, aunque algunos quieran negarlo.

Respecto a encontrarse con ese regalo del destino si hubiera sido una mujer normal, del montón, el destino hubiera pasado de largo porque ella no lo habría esperado.

Isabel era una gran mujer, en todos los sentidos. Inteligente y brillante y su reinado fue reflejo de su persona.

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