La Feria

Aquel día el Hetero no llegaba y ya comenzábamos a estar hartos de esperarle. Sentados en Candelaría, María no paraba de preguntarme dónde se había metido nuestro amigo.

-Yo qué sé, quilla- le dije- ya sabes como es este. Ayer se fue a la feria de San Fernando, así que se habrá quedado dormido.
-Nos hace quedar para ir a la mierda de concierto de la folclórica esa que sólo le gusta a mi padre y ahora no aparece -María comenzaba a enrojecer por el enfado- ¡Se va a enterar!
-Pues no grites mucho, que ya está ahí -repuso el canijo en una de las pocas frases que le oí en mi vida.

Y era verdad, el Hetero estaba entrando a la plaza por la esquina de la calle Santiago. Su rostro demacrado, el pelo rubio lacio pegado a la cara, el traje de chaqueta polvoriento, los zapatos en la mano y los calcetines gastados nos informaron de que algo pasaba. María, preocupada, se escapó de mis lado para lanzarse sobre su novio.

-¿Que te ha pasado?
-Fui a la feria anoche.
-Son las cinco.
-Se me fue la hora.
-¡Hemos estado esperando para escuchar a la cantante esa y tu no has aparecido!
-Estoy aquí ¿no? y esa es Rocío Jurado.
-Puff... esa le gusta a mi padre.
-Es una diva. Voy a cambiarme y nos vamos.
-Esto, quillo -me daba miedo devolverlos a la realidad-, ¿qué te ha pasado?
-Nada.
-¡Claro!- exclamé mirando su lamentable estado-. Venga, no te hagas de rogar. ¿Que te ha pasado? ¿La noche ha sido loca, julandrón?
-Loquisima- las lágrimas se escaparon por los ojos del Hetero-. Me emborraché sin darme cuenta, se me escapó el rollo que tenía a punto de caramelo, me robaron el dinero y he tenido que venir andando.
-¡Desde San Fernando!- gritamos todos, incluida María que acaba de oír como el Hetero había intentado ponerle los cuernos.
-Desde San Fernando no- dijo el Hetero y todos respiramos aliviados pensando en la caminata que nuestro amigo habría tenido que darse por la carretera hasta allí- desde Puerto Real... que fue dónde me dejaron tirado esos cabrones.

Esos cabrones eran los amigos con los que había acudido aquella noche a la feria y con las que tantas desventuras vivió en años posteriores, pero aquel día, renegó de ellos y dijo que mil veces nos prefería a nosotros que, aún revolcándonos por el suelo de la risa, habíamos llegado en un momento a preocuparnos verdaderamente por él.

Al concierto de Rocío Jurado no llegamos a ir. El padre del Hetero se quedó con las entradas que iba a darle, y el Hetero pasó varias semanas sin poder salir de clase, mientras el Canijo y yo luchábamos por conquistar a una María que nuevamente había sido ultrajada por el siempre encantador Hetero.

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