Jazmines

Un joven quemándose a lo bonzo harto de la situación económica de su país ha sido el detonante para una de las mayores revoluciones de los últimos tiempos. La revolución de los jazmines se ha extendido por Túnez. Las ansias de libertad y democracia han terminado reventando una de las dictaduras más estables de África y ahora las miradas se sitúan en los países del entorno. En Argelia el gobierno ha tenido que dar marcha atrás en la subida de precios, en Egipto los conflictos entre cristianos y musulmanes parecen no llegar a su fin. En Libia, Gadafi ha dejado a un lado sus excentricidades para presentarse ante los medios como un líder fuerte pero tolerante; y en Marruecos, simplemente, se ha prohibido cualquier manifestación de apoyo al movimiento democrático de Túnez.

El pueblo ha ganado la calle y la batalla frente a Abidin Ben Ali, que durante 23 años ha dirigido el país con mano firme –dictatorial y represora-. Ahora la pelota está en el tejado de la nueva clase política del país. Los opositores al régimen han tomado ahora el poder, la primera medida ha sido la creación de un gobierno de coalición que permita devolver el orden hasta las primeras elecciones democráticas que vivirá el país. Ahora, toca cuidar al país, protegerlo y ayudarlo en su nuevo camino. Un camino que puede abrir las puertas a los vecinos, pero que también puede provocar que líderes asentados sólidamente en sus tronos deseen intervenir sobre el terrero para secar unos jazmines que comienzan a florecer.

Ojalá, crezcan espectacularmente y la libertad continúe su necesario avance por el mundo.

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