Ir al contenido principal

Don Juan

María estaba arrodillada en un rincón de la sala, limpiando el suelo con ayuda de su hermano.

-María- preguntó el chico- ¿qué haremos si don Juan no vuelve?
-Volverá.
-Pero, María, ¿y si no vuelve? El rey no nos conoce y en las cocinas ya han comenzado a…

Guardó silencio, no quería decirle a su hermana que habían comenzado a tratarlo cada vez peor. El ama le había enviado a las porquerizas a limpiar y en los últimos días su ración de comida iba en descenso. Las bromas sobre los dos hermanos aumentaban y los castigos se endurecían. María miró a su hermano, sabiendo que el chico tenía miedo a volver a la calle. Pero eso no ocurriría, esa decisión ya la había tomado. Haría lo que estuviese en su mano para lograr el favor del rey. Y su hermano tenía razón, don Felipe tenía cosas más importantes de las que ocuparse que de la vida de dos de sus siervos más pobres. Y aun así estaba segura de haber encontrado la forma de llamar su atención.

-María- susurró Miguel- el ama.
-¿Qué haces aquí?- la mujer, de unos sesenta años, vestida con un traje negro abotonado hasta el cuello golpeó a Miguel con la mano abierta- ¿Acaso te he dado permiso para ayudar a ésta?

Miguel negó con la cabeza, y se retiró lentamente hacía uno de los tapices que ocultaban las puertas de acceso a la zona del servicio. María, observó con odio al ama, se recogió el vestido sobre la espalda y continuó arrodillada frotando el suelo de piedra con unos sucios trapos que mojaba en una palangana de metal.

-Ya no está tu príncipe para protegerte- dijo el ama escupiéndole al rostro- Ahora no hay nada que me impida torturarte como una cualquiera como tu merece.
-No he hecho nada malo- repuso María -¿Qué derecho tienes a castigarme?
-¡Todo el derecho!- gritó tirándole del negro cabello que la chica recogía en un moño hasta deshacérselo- ¡eres una guarra! Todos sabemos cómo has logrado los favores del joven infante. Pero don Juan ya no está aquí para cuidarte, ahora soy yo quien se hace cargo de ti. Y me cobrare todo este tiempo en el que he tenido que mimarte, ahora, princesita, se tratará como debes.

Golpeó el cubo, que chocó contra la piedra dejando escapar toda el agua. María se mordió el labio. Deseaba gritarle, deseaba defenderse, pero sabía que no era el momento, que no era el lugar. “Me vengare”, se juró, “algún día el ama tendrá que tratarme con respeto. Algún día me pedirá clemencia, pero no hoy”

Unos pasos resonaron por el pasillo de piedra, y la voz cansada del rey se dejó escuchar sobre el silencio mientras el ama corría a esconderse tras el tapiz. María quedó en el pasillo, de rodillas, con el pelo suelto cubriéndole el cuello desnudo y la falda empapada por el agua derramada. El rey la miró y, por un instante, María creyó ver una sonrisa antes de continuar su camino.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.