Sancho IV, el bravo (1282-1295)

Sancho IV (1258-1295) fue apodado el Bravo, aunque bien pudo ser el Cruel. Era el segundo hijo de Alfonso X, per la muerte de su hermano Fernando de la Cerda le puso pronto al frente de un sector de la nobleza contrario a la política de su padre. El viejo monarca había cambiado las reglas del juego, ya que según el derecho consuetudinario castellano, en caso de muerte del primogénito en la sucesión a la Corona, los derechos debían recaer en el segundo hijo. Pero con el Código de las Siete Partidas, Alfonso establecía la línea sucesoria directa entre padres e hijos y en caso de fallecer el primogénito dejando heredero varón, la corona recaería en este y no en su hermano. Y eso fue lo que ocurrió tras la muerte de Fernando en 1275. Sancho se negó a aceptar al nuevo modelo y su padre, inicialmente, aceptó las pretensiones dinásticas de Sancho, que había destacado en la guerra contra el moro. Pero decidió compensar a sus nietos (los infantes de la Cerda) con la concesión del reino de Jaén a Alfonso de la Cerda. Sancho entró en cólera y con gran parte de la nobleza se levantó contra su padre desposeyéndolo de sus poderes aunque no del título real que conservó hasta su muerte en 1284.

Sólo Sevilla, Murcia y Badajoz se mantuvieron fieles al rey Sabio, que buscó el apoyo de los benimerines para recuperar el control sobre su reino. Las maldiciones a su hijo lanzadas por Alfonso parecían comenzar a surtir efecto y Alfonso recuperaba su poder cuando la muerte le sobrevino en abril de 1284. Sancho se sintió vencedero y pese a haber sido desheredado por su padre, ese mismo abril es coronado rey de Castilla y León en la ciudad de Toledo. Pero los partidarios de los infantes de la Cerda se agruparon entorno a Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, y del infante don Juan, tío de Sancho. El rey, comenzó entonces la fase más violenta de su reinado tanto que, en caso de no haber salido victorioso, hoy hubiera llegado hasta nosotros como Sancho IV el Cruel. Y a los datos nos remitimos: según cuentan las crónicas, dio la orden de ejecutar a 4.000 opositores en Badajoz, a 400 en Talavera y a otros muchos en Ávila y Toledo.

Sin embargo, perdonó la vida a su tío Juan –no así a Lope Díaz- que pago su perdón con la sublevación. Acudió a los antiguos aliados de su hermano Alfonso y junto a los benimerines sitió la plaza de Tarifa. Fue entonces cuando se produjo el consabido suceso de Guzmán el Bueno, que entregó la vida de su propio hijo para defender la ciudad, valiéndole para entrar en la historia y acceder al ducado de Medina Sidonia, comenzando uno de los linajes nobiliarios más importantes de la baja Edad Media.

A su muerte en 1295, le sucedió su hijo Fernando (IV) que contaba en ese momento con 9 años.

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