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La diócesis de Cádiz


La presencia de comunidades cristianas es muy antigua en Cádiz, como corresponde a una zona de tránsito entre Europa y África. Es heredero del obispado de Asidonia, supuestamente creado en época romana, pero del que sólo hay constancia después de la llegada de los visigodos a esta zona. La llegada de la nueva religión y la creación del obispado asidonense se atribuye a San Hiscio (o Hesiquio, uno de los siete Varones Apostólicos) estableciendo la primera sede en Carteya para, posteriormente, trasladarla a Asido, importante ciudad romana.

De época visigoda se conserva la iglesia más antigua de la Diócesis, la ermita de San Ambrosio, Situada fuera del recinto urbano de Vejer, su origen data de época paleocristiana (siglo VII), aunque sufrió varias transformaciones durante la Edad Media. También de esa época es la ermita de los Santos Mártires (Medina Sidonia), siendo los dos referentes arqueológicos más antiguos que se poseen de la presencia cristiana en la zona. Invadida y conquistada la Península por los árabes, la vida de los cristianos sometidos se hizo precaria hasta el punto de casi desaparecer las comunidades mozárabes en la época de los almohades. 

Alfonso X incorporó Cádiz y otras poblaciones a Castilla, logrando el traslado de la sede asidonense (Medina Sidonia), que se hizo efectiva en 1.267 con la consagración del primer obispo Fray Juan Martínez. El rey sabio pretendió crear un puente para la  evangelización de África desde el puerto de Cádiz. Erigiendo la Diócesis, cuyos límites llegarían hasta la actual Marbella. Y ordenando la construcción de la Catedral de la Santa Cruz que, al calor del monasterio portuense de Santa María del Puerto, se convertiría en lugar de peregrinación medieval.

Si bien el sueño africano de Alfonso X no se cumplió, el descubrimiento de América convirtió a la ciudad de Cádiz –y con ella a la Diócesis- en la puerta al Nuevo Mundo. Desde el puerto gaditano partirían los misioneros que llevarían el cristianismo a las Indias Occidentales, quedando constancia de tal hecho con el co-patronazgo de Cádiz por San Francisco Javier. Cádiz, que había sido una de las puertas de entrada del cristianismo a la Península, se convertía así en puerta de salida de la Palabra de Dios hacia las Américas.

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