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Hércules

Hércules, fundador mítico de la ciudad de Cádiz a la que llegó en el curso de sus trabajos para robarle los rebaños al gigante Gerión. Bonita leyenda la de nuestro fundador, pero más hermosa aún es la vida que le tocó sufrir en el Olimpo de los dioses.

Su padre, Zeus, se encaprichó de Alcmena, esposa del rey tebano Anfitrión y aprovechando que este se encontraba en la guerra se transformó en él y yació con su esposa. En mitad de la noche, Anfitrión llegó a la casa y Alcmena descubrió el engaño del dios. Pero ya era tarde, la mujer había quedado embarazada, para enfado de Heras, celosa esposa de Zeus. Que comenzó una persecución contra el hijo bastardo de su esposo. Primero logrando mediante engaños que Hércules no fuera nombrado príncipe heredero de Tebas y que la corona recayese en su primo –ni tan siquiera en su hermano gemelo, que no importaba a la diosa ya que era completamente humano-. A los dos meses intentó asesinarlo por primera vez, al enviarle dos serpientes para que acabasen con el bebé, pero la fuerza de Hércules impide el asesinato y la joven que le cuidaba le encontraría jugando con los cadáveres de los reptiles.

Decidió, entonces, cambiar su estrategia y afectó al carácter del joven semi-dios, ya de por si temperamental hasta que logró que asesinase a su profesor de música, Lino, golpeándolo con una lira. En el juicio por la muerte del viejo maestro, alegó defensa propia siendo declarado inocente pero enviado junto a Téutaro para que aprendiera a controlar sus actos. Allí, junto al pastor, se enfrentó al león de Citerón, que atacaba constantemente a sus rebaños, logrando matarlo (de ahí la representación de Hércules cubriendo su cabeza con la piel del felino). A la vuelta de su cacería se encontró con un ejército que pretendía invadir el reino, y enfrentándose a ellos logró rechazarlos. Fue llamado entonces por el rey Creontes que le premió con la mano de Mégara, su primera esposa, con la que tuvo varios hijos.

Pero la felicidad del joven, ya transformado en adulto, molestaba a Heras, que le provocó un terrible ataque de ira. Obnubilado por el poder de su madrastra, Hércules mató con sus propias manos a sus hijos y a dos sobrinos. Cuando descubrió lo que había hecho, el dolor de invadió y fue incapaz de enfrentarse a su esposa. No por miedo, sino por amor. Sabía que cada vez que Mégara le viese recordaría a sus hijos y como Hércules, por culpa de Hera, los había matado y el dolor que eso le provocaría a su esposa le llevó a repudiarla y comenzó un periplo de recuperación interior que le llevó a realizar los famosos 12 trabajos. Pero eso lo dejamos para la wikipedia, pues nosotros queremos hablar de su vida privada.

Tras cumplir los trabajos, Hércules volvió a Grecia, pero su temperamento podía con él y la muerte siempre le rondaba. Tras un nuevo asesinato fue condenado por la reina Ónfale a vestir y realizar trabajos de mujer, mientras ella vestía las ropas del semidios. Finalmente Ónfale levantó el castigo y casó con nuestro héroe, que le daría un hijo. Cuenta la leyenda que en aquel tiempo, mientras caminaba por los bosques, unos pequeños sátiros le robaron sus ropas y armas y que Hércules corrió tras ellos hasta detenerlos y, colgados a la espalda desnuda, se los llevó para castigarlo. Pero el gaditanismo surgió en los sátiros que comenzaron a bromear sobre el bronceado trasero de Hércules quien, sumido en un ataque de risa, perdonó a los sátiros y continuó su camino. Que le llevó hasta los brazos del joven Hilas, príncipe de los driopes a los que había vencido. Junto a su amante, Hércules parte de viaje con los argonautas, pero no termina su camino porque, tras haber arribado a una isla, Hilas no vuelve al embarque y nuestro héroe comenzó la búsqueda de aquel joven que le había robado el corazón, encontrándolo en brazos de una ninfa que le había secuestrado. Con el corazón destrozado por el desamor, Hércules dejó a Hilas y comenzó un periodo de sangrientos trabajos, de luchas en guerras y venganzas que, entre otros “premios” le permitió entrar en contacto con el rey Tespio. Este al ver a nuestro héroe quedó prendado de su belleza y fuerza y le pidió que yaciera con sus hijas para darle un nieto. Así fue, las cincuenta hijas de Tespio quedaron embarazadas de Hércules, dándole cincuenta nietos varones de los que, se dice, vienen todos los reyes de la antigua Grecia.

Terminamos la vida de nuestro héroe en su tercer matrimonio, que acabaría también con su vida. El matrimonio con Deyanira comenzó mal, con el intento de violación que sufrió la nueva esposa por parte de un centauro al que Hércules mató con una flecha. El centauro le dijo a Deyanira que si quería conservar el amor del semidios guardará su sangre y así lo hizo. Cuando los celos por las repetidas visitas de Hércules a la joven Yole comenzaron a corroerla, Deyanira untó las ropas de su esposo con la sangre del centauro esperando recuperarlo. Pero la sangre del centauro penetró en la piel de Hércules, causándole un dolor tan insoportable que deseó su propia muerte. Intentó quitarse la ropa, pero había quedado pegada a su piel, por lo que pidió que se construyera una pira y que su mejor amigo le prendiera fuego. Deyanira, al ver que la sangre del centauro había provocado la muerte de su amado, se suicido ahorcándose.

Pero Hera, que siempre había perseguido al joven, convenció a los dioses, que le dieron la inmortalidad llevando eternamente a Hércules al Olimpo de los dioses.

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