Alfonso X

Alfonso X sucedió a su padre al frente del reino de Castilla en 1254. Si el reinado de su padre fue de extensión territorial, el de Alfonso sirvió de consolidación del reino. Durante su mandato se sentaron las bases del actual castellano, creándose la primera gramática. Alfonso fue un enamorado de las artes y las letras, gran poeta nos dejó para la posteridad sus Cantigas. Pero además realizó una importante política repobladora, a lo que se unió su reformismo que asentó definitivamente la primacía del reino en la Península.

En lo militar, continuó la labor conquistadora de su padre, llegando hasta Cádiz en 1263. Y me van a permitir que en su reinado hable de esta última ciudad, que además es la mía. Pues Alfonso, que se enamoró de la zona desde su asentamiento en Alcanate (actual El Puerto de Santa María) como demuestra en las Cantigas de Santa María. Aquí se sintió curado de sus enfermedades por mano de Santa María del Puerto, que acabó convertido en lugar de peregrinación. Buscaba un puerto que le abriera el camino hasta el norte de África, pues el rey sabio quería extender el cristianismo y su reino más allá del mar –pues por otro lugares ya no podía avanzar-. Había firmado la paz con Granada, considerada ya vasallo del castellano y para evitar la guerra buscó un punto que no causase problemas, ese fue Cádiz, hasta entonces en manos del reino de Fez. La conquista castellana conllevó que el rey diese a la ciudad una serie de privilegios que le valdrían para ponerse a la cabeza comercial de la Península, pero siempre al calor de Sevilla, pero de eso ya hemos hablado en este mismo rincón.

Volvemos así al reinado de Alfonso. Habría que hablar de dos importantes hechos: el fecho del imperio, es decir, el intento de Alfonso de hacerse con la corona del Sacro Imperio Romano-Germánico, sin resultados. Y el Fecho de Allende, el intento de llevar el reino hasta las costas africanas, a lo que se vincula la conquista gaditana y que tampoco se llevó a pudo completar.

Tras la conquista de Cádiz en 1263 las fronteras se estabilizaron, pero no los problemas internos. En el 1264 se produjo la revuelta de los mudéjares en la campiña jerezana que trajo consigo su expulsión para evitar mayores tensiones sociales, pese a que Alfonso había buscado una inicial convivencia de culturas al final terminó por doblegar militarme a los pequeños territorios tributarios de Niebla, y el consiguiente levantamiento en Andalucía y Murcia (con apoyo del rey de Granada).

En 1265 se produce un hecho fundamental para la estabilidad de la Corona: Alfonso firma las Siete Partidas que establecía la sucesión directa de padres a hijos y no entre hermanos en caso de fallecer el primogénito si este tenía descendencia. Y el Infante Fernando de la Cerda la tenía. Durante la revuelta nobiliaria de 1272, Fernando demostró su valía y logró el apoyo de su padre. Sin embargo, cuando fallece Fernando en 1275, su hermano Sancho manifiesta sus pretensiones al trono, y Alfonso las aceptará en detrimento de los Infantes de la Cerda. Pero según aumente el poder de su hijo, Alfonso irá mostrando reticencias a esa decisión. Finalmente, y con el apoyo de cierta parte de la nobleza que ya había mostrado su malestar con el rey, Sancho se levantó en armas al ver como su padre intentaba desgranar el reino de Jaén de la Corona castellana para dotar de corona al primogénito de Fernando (Alfonso de la Cerda). En 1282 el poder de Sancho es indiscutible, separando a su padre del gobierno pero permitiéndole continuar con el título real hasta su muerte, en Sevilla que había permanecido fiel, en 1284.

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