Pérdida de divinidad

Vaya por Dios, he perdido la divinidad. Hace tiempo que había notado que comenzaba a alejarme del Olimpo de los dioses, pero ahora, llegado noviembre, se culminado el proceso. Yo, dios carente de frío, comienzo a sentirlo en mi cuerpo y eso no está bien. Llevo años habituado al calor, y ahora me ocurre esto. ¡Repanochas! No estoy preparado. Para nada. Creo que mañana tendré que ir a buscar un abrigo, porque con la perdida de divinidad mi cuerpo ha descubierto los estados medioambientales. Y debemos estar en plena glaciación porque yo estoy plenamente congelado.

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