Jóvenes

Hay gente que tiene un arte especial, y este hombre lo tenía. Con su camisa naranja brillante de cuello alto, su cazadora de cuero, sus vaqueros y su mascota para cubrir la cabeza. Estaba sentado de espaldas a la dirección de la marcha, hablando con el señor mayor que ocupaba el asiento de minusvalidos en el dos. Era uno de esos hombres que no pasa desapercibido, con su sonrisa burlona y educada, y esos gestos que denotan que antaño fue un don juan chulesco y elegante. Un dandi de otra época que aún mantiene parte de su encanto. Y su sapiencia. Sus palabras le acusan de ello. Habla de la juventud de ahora, sabiendo que nada tiene que ver con la que describe su vecino de silla, los alaba y se ríe de las criticas con un

-Eso también me lo dijeron a mí.
-Pero es que tu eras de cuidado- le responde su amigo-. ¡Y lo eres!
-¿Yo? ¿Y tú no?
-Ahora ya no soy nada, sólo un viejo -dijo riendo- esperando morir.
-No digas eso, aún somos jóvenes.

Y, en cierta forma, lo eran. Sus miradas, sus risas, sus palabras los hacían jóvenes sin importar la edad (86 y 81 años, dijeron tener). Sus ganas de vivir, de saber, de conocer, les hacían más jóvenes que a muchos jóvenes que conozco.

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