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Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla

Los reinados de Alfonso IX de León y de Alfonso VIII de Castilla van, necesariamente, de la mano. Ambos reinos continuarán independientes y ambos reyes se enfrentaran a diversos conflictos internos y, como no podía ser menos, entre las dos coronas. Alfonso IX había encontrado graves dificultades para acceder al trono, pues su madrastra (la reina Urraca) pretendía que la este recayese en su hijo Sancho, hermano menor del rey y los vecinos reinos de Castilla y Portugal mostraron abiertamente su intención de dividirse el reino leones. Pese a todo, el joven monarca logró asentarse en León, iniciando una política de pacificación y concordia con los vecinos.

Por su parte, Alfonso VIII iniciaba la hegemonía castellana sobre el resto de reinos, que perduraría a lo largo de toda la Edad Media y eso a pesar de los conflictos provocados por su minoría de edad (su padre falleció cuando el aún príncipe contaba con 3 años de edad) entre la aristocracia castellana. En el 1170 ya coronado rey y luchando por recuperar los territorios conquistados por su tío Fernando II de León -y de los que ya hablamos en el pasado- contrae matrimonio con Leonor Plantagenet, ganando para la corona castellana el condado de Gascuña. Desde ese momento, y fortalecido con un ejercito fiel, inicia la recuperación de los territorios conquistados por Navarra y se alía con el rey aragonés. A su vez lográ que su primo Alfonso IX acuda a Castilla para ser nombrado caballero y firmar un tratado de no agresión, que no respetaría al entrar en tierra leonesas ante la inestabilidad interna del reino.

Ante el creciente poder del castellano, los reinos vecinos firmaron la Liga de Huesca por la que navarros, portugueses, leoneses y aragoneses se comprometían a no entrar en guerra entre ellos y defenderse en caso de un ataque castellano. Pero el enemigo estaba en el sur. El poder delos almohades era cada vez mayor y los reinos cristianos poco podían hacer ante él. Alfonso IX consciente de esto, firma una tregua de 5 años con los musulmanes, pero su acto políticamente inteligente, le costó ser excomulgado por el papa Celestino. Junto a la excomunión, el pontífice firmaba una bula papal por la que daba las mismas gracias dadas a los cruzados a quienes luchasen contra León. Inmediatamente los reyes de Portugal y Castilla iniciaron la conquista del reino. Pero Alfonso IX se apoyó en los musulmanes, que aportaron tropas y recursos, para lograr mantener la corona.

Por su parte, el castellano inició la conquista de los reinos del sur, negándose a aceptar la ayuda de otros reyes cristianos, mucho menos la de su primo con el que mantenía una relación de amor-odio. En el 1195, las tropas castellanas se enfrentaran a las almohades en la batalla de Alarcos sufriendo una humillante derrota que no pudo paliar la llegada del leones, que se encontraba cerca en esos momentos.

Así las cosas, el problema musulmán acabará unificando los intereses de ambos primos que, gracias a la intervención del nuevo pontífice (Inocencio III) comenzarán una cruzada contra los “mahometanos” encabezada por Alfonso VIII. Así, en el 1212, el castellano llama a los reyes cristianos a la cruzada, pero se niega a entregar las posesiones conquistadas a los leoneses, condición impuesta por su primo para acudir, quien dará libertad a sus vasallos para acudir a la batalla. Las tropas castellanas, aragonesas y navarras, a las que se unieron hombres de León y Portugal, logran la mayor victoria hasta el momento, y el fin del poder almohade, iniciándose la verdadera “reconquista”

Sin embargo, los conflictos fronterizos entre ambos primos continuarán y no llegarán a su fin hasta la muerte del castellano, en 1214. Desde ese momento, Alfonso IX reinicia su política de conquista, extendiendo el reino hacia el sur a costa de los musulmanes, y realizando una importante repoblación que permitiría el mantenimiento de los territorios conquistados llegando hasta Badajoz (1230).

En los años finales de su vida, un nuevo problema afectó al monarca. Su hijo primogénito, Fernando, había fallecido en 1214 y su segundo hijo varón (nacido de segundas nupcias) había sido coronado rey en Castilla. Lo que le llevó a buscar heredero entre sus hijas, que sin embargo no tuvieron poder para enfrentarse a su hermanastro.

En Castilla, por su parte, Alfonso VIII había fallecido dejando diez hijos (de los que se tiene constancia, pues las fuentes nos dicen que ese número se queda corto), accediendo al trono Enrique I en 1214. Pero el infortunio parecía seguir al monarca, que tres años después fallece dejando la corona en manos de su hermana Berenguela I, pues había muerto sin descendencia, casado con Alfonso IX de León y madre del infante Fernando que, en 1217 accedía al trono castellano como Fernando III.

A la muerte de su padre, Alfonso IX de León y tras el nombramiento de sus hermanas como herederas al trono, Fernando hará valer su posición para ocupar la corona leonesa y, nuevamente, reunificar ambos reinos ya de forma definitiva.

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