William & Jane

Jane gritaba y golpeaba al joven. Lloraba. Las lágrimas recorrían sus mejillas como un reguero de su alma sangrante. Lloraba. La rabia contenida se escapaba en cada una de sus lágrimas. William la besó, saboreando el salado sabor de su ira. Ella volvió a aparatarlo, empujándola hasta lograr separase. De deshizo de su abrazo y corrió por el prado camino de la iglesia de su padre. Él no la siguió. La joven se detuvo junto al roble, recuperando el aliento, escondiendo el llanto. Escondiéndose de su padre. Entro en la iglesia, se acercó hasta el primer banco y se dejó caer de rodillas.

-¿Por qué? –rezó en un leve murmullo -¿qué mal he hecho para ser mancillada? Se ha propasado, ha sido su culpa, nada he hecho para provocar su actitud. Es el hijo de un noble, cree estar por encima de la ley, pero nadie está por encima de la ley de Dios.

Enterró la cabeza entre las manos murmurando rezos y sollozos. Sin escuchar los pasos que se acercaban hasta ella. Se sobresaltó al notar la mano acariciarle el cabello. Elevó la mirada y encontró con los duros ojos de su padre. Se abrazó, dejando que los rudos brazos del pastor la protegieran.

-¿Qué ha pasado?¿quién ha sido?- No deseaba escuchar la respuesta, pero ya la sabía.
-William- el llanto entrecortó sus palabras- me ha besado.

El pastor le besó en la frente, susurrando palabras cariñosas, perdonándola por lo que había ocurrido. Ella se dejó arrullar por su padre, se tranquilizó en sus brazos y, dócilmente, permitió que su padre la condujese hasta su habitación. Se tumbó en la cama, cerrando los ojos mientras su padre salía de la habitación. Escuchó el relinchar del caballo un instante antes de comprender que iba a ocurrir. Corrió hacia la ventana.

-¡PADRE!- gritó –No vayais.

Pero era tarde, el pastor galopaba camino de la hacienda de sir Walter.

-No, padre, no- dijo desesperada al viento- no vayáis. Es culpa mía. Es culpa mía… yo le amo.

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