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William & Jane

Los días transcurrieron y la joven volvió al prado. Jane soñaba en secreto con William, con su sonrisa. Con su mirada picada y con sus aires de suficiencia. Se sentó entre las flores, dejándose caer para ver las nubes volar. Y siguió soñando despierta. Suspiró. Reía sin darse cuenta y su nombre le acudió a los labios.

-William- susurró a la nada.
-Jane- le respondió una voz cálida.

Jane se levantó de un salto, sobresaltada ante la repentina aparición de joven.

-¿Me has seguido?
-Vengo aquí cada día desde el día que te vi por primera vez. Desde ese mismo instante en que volví a la vida solo por tu recuerdo. Por soñar que algún día volvería a estar a tu lado. Que algún día estaré a tu lado. ¿Me dejarás estar a tu lado?
-No
-Te he oído suspirar por mí. Llamarme pensando que no estaba. Y lo veo en tus ojos, Jane, veo que me amas. Querrás negarlo. Tus labios me dicen que no me quieres. Pero tus ojos no mienten. No a mí. Te brillan –se le acercó-. Son dos faros que me guían. Desde el primer día, desde el mismo instante que te vi supe que tú eras mi razón. La raíz que me ancla a la vida. Tú me has devuelto las ganas de vivir cuando estaba muerto. Había muerto en África cuando ella –apartó su rostro de Jane- se fue. Cuando la perdí pensé que estaría perdido, que solo me quedaba morir. Estaba muerto. Lo estaba. El día que me crucé contigo había decidido acabar con todo. Busca la forma para terminar con mi vida para siempre. Y entonces, llegaste tú.
-No –dijo suavemente Jane cuando William acercó sus labios a los suyos-, por favor.

Pero él no acepto él no. Le besó y ella se resistió pero él era más fuerte. Ella venció su resistencia, se dejó llevar, se dejó hacer. Se dejó besar. Y besó. Se sintió una con William. Se sintió feliz. Se sintió morir y revivir. No quería dejar de besarlo. No quería besarlo. Dejó de besarlo. Le empujó, le pegó, le gritó, lo alejo de ella.

-No- gritó- maldito seas, no….

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