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Urraca I, primera reina de Castilla

En 1108, en la batalla de Uclés, muere el infante Sancho, único hijo varón de Alfonso VI, que se ve obligado a reunir a los nobles en Toledo nombrando nuevo sucesor: su hija Urraca, mujer viuda, que es aceptada por la aristocracia castellana con la promesa de contraer nuevo matrimonio, que cumplirá casando un año después con Alfonso el Batallador, rey de Aragón. Tras la coronación, los nobles se dividieron en tres grupos claros: aquellos que estaban a favor de la reina; el clero -principalmente francés- que veía que su posición se debilitaba desde la muerte de Raimundo de Borgoña, primer esposo de Urraca; y los nobles gallegos que temían la perdida de derechos al trono castellano-leones del infante Alfonso Raimúndez, hijo de Urraca.

Por su parte, los monarcas, fortalecieron sus derechos al trono, al firmar un acuerdo por el que los cónyuges se otorgaban recíprocamente potestad soberana en el reino del otro, declaraban heredero de ambos al hijo que pudieran engendrar o, en el que caso de que no naciera heredero alguno, cada cónyuge sucedería al otro. Desde Galicia se inician los primeros movimientos en contra al pacto, reclamándose los derechos hereditarios del infante Alfonso. En respuesta a la rebelión gallega, Alfonso el Batallador se dirigió al frente de su ejército hacia Galicia y, en 1110, restableció el orden.

La situación derivará en una guerra civil que afectará a la propia corte, dividida entre los partidarios de Alfonso como soberano -a baja nobleza y las grandes ciudades que bordean el Camino de Santiago deseosas de deshacerse de los señoríos eclesiásticos-; y la que apoya a Urraca y-alta nobleza y el clero- Estos últimos, y con el consentimiento de la reina Urraca, trabajarán para lograr la anulación eclesiástica del matrimonio debido a la consanguinidad de los esposos (ambos eran biznietos de Sancho Garcés III de Pamplona). El pontífice Pascual II amenaza con la excomunión de los monarcas si éstos no anulan el matrimonio.
Urraca decide alejarse de Alfonso y se refugia en el monasterio de Sahagún. Alfonso decide encarcelar a Urraca en la fortaleza de El Castellar y dirige su ejército contra todas aquellas plazas castellanas que se habían posicionado a favor de Urraca. Tomó Palencia, Burgos, Osma, Orense, Toledo. Pero la reina, contando con el apoyo de algunos nobles, logra escapar al cerco y se dirige a Candespina, donde se enfrentaran el 26 de octubre de 1111, saliendo victorioso Alfonso, con el apoyo del conde de Portugal, Enrique, cuñado de la reina. Sin embargo, la entrada de Alfonso en Toledo, cuya cesión pretendían Enrique y su esposa Teresa, hizo que Enrique intentase un pacto con Urraca. La rivalidad entre las dos hermanastras provoca que Urraca se reconciliase con su marido Alfonso obligando a los condes de Portugal a retirarse a sus dominios.

Pero el 17 de septiembre, y tras haber llegado Urraca a un acuerdo con la nobleza gallega, el infante Alfonso es coronado rey de Galicia, provocando la ira del aragonés y nuevos enfrentamientos bélicos que concluirán con el sitio de Burgos por Urraca, a fines de 1112 y el abandono de sus pretensiones territoriales por el Batallador, que terminaría repudiando a Urraca, que lograría la nulidad en el 1114.

Los problemas de la reina se desvían a Galicia, donde los nobles buscan aumentar la independencia de Alfonso, en 1117 se firma el Pacto del Tambre, en el que reconoce la legitimidad del infante Alfonso para sucederle en el trono. Será una paz ficticia, pues las luchas continuaran casi hasta la muerte de la reina, en el 1126 en el Castillo de Saldaña. Alfonso ascendía al trono como Alfonso VII de León, el Emperador. Primer rey de la dinastía Borgoña, que continuará en el trono hasta el ascenso de los Trastámara.

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