La Marabunta

-Aju la virgen –dijo Marco Antonio –vaya destrozo.
-Aja- respondió silencioso el Nutria rodeado de tres hermosas mujeres que no dejaban de acariciarle.
-Deberíamos pararlas, ¿true? – preguntó sir Charles.
-Yo no me meto en medio- respondió Mamonuth
-Ni de coña- confirmo Borought –ni de coña.
-ummmm – simple gesto de afirmación de El Fantasma.
-¡Hagamos una fogata!- propuso Bilbo
-¡Que os gusta el fuego!- repuso D’Orange que había sacado un lienzo y unas acuarelas y estaba inmortalizando el momento.
-Parece real –le dijo lord Corba mirando por encima de su hombro -¿Cómo le llamas a esta técnica?
-Potosgrafica- contesto, estos lápices están hechos con pizarra del Potosí.
-Pero ¿Qué hacemos con eso?- lady Chodna señalaba a las tres mujeres, Vasqués, Mutambo y La Rubia, abalanzadas sobre el capitán.
-¡Dejadme, coño!- gritaba el capitán intentando zafarse -¿no tenéis otra cosa que hacer?

Fat logró quitarse de encima a las mujeres y refugiarse tras sus hombres, que se echaron a reír al ver las dos trenzas, cogidas con lacito rosa, que le habían hecho en el poco pelo. Vasqués sonreía y Mutambo abrazó a su no-marido Mamonuth mientras la Rubia acariciaba un pequeño gato persa salido de un bolsillo del enorme bolso que transportaba. Por fin, Fat saltó sobre la mesa, elevó la jarra de cerveza al viento y comenzó su discurso:

-¡Maldita sea!, logramos conquistar la Perro Caliente. Jamás pude soñar con mejor tripulación que vosotros. La Marabunta seguirá muchos años navegando y será casa y puerto de todos vosotros. Nuestro nombre será reconocido y temido en todos los mares conocidos. Nuestro pendón ondeará aquí por los siglos de los siglos …
-¡Amén!- respondieron todos
-El oro, las riquezas, las joyas y las mujeres que aquí hemos encontrado se repartirán entre todos, como buenos hermanos –se atusó las coletas ajustándose el lacito- pero eso no evitará que sigamos viviendo muchas aventuras juntos hasta que la muerte, o el hambre, nos separé.

Los hombres vitorearon, alabaron la mano en la cocina de la madre de la Rubia y bebieron hasta caer redondos sobre las mesas. La Perro Caliente era propiedad de los temibles piratas de La Marabunta. Sepin había sido recluido a las entrañas de la fortaleza y, durante un tiempo los hombres descansarían para lanzarse nuevamente al mar y fortalecer los fuertes lazos que los unían.

-¡Mierda!, iba a componer una balada- grito Mamonuth embriagado- pero está todo lleno de hormigas…

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