Fernando II de León

Mientras Sancho gobernaba Castilla, su hermano Fernando hizo lo propio en León. En 1158 acordó con su hermano, por el Tratado de Sahagún, reiniciar la guerra contra los musulmanes y repartirse los territorios conquistados. Pero la muerte de Sancho y la subida al trono castellano de Alfonso VIII anuló el tratado. Aprovechando la minoría de edad de su sobrino y las guerras nobiliarias por controlar al joven monarca, Fernando invade Castilla exigiendo la restauración del orden –las luchas señoriales habían sumido al reino en el caos- y la entrega del joven Alfonso.

En 1162, ya con su sobrino a su cargo, conquista Toledo que permanece en su  poder hasta 1166, en que fue recuperada por los castellanos. Pero Fernando realizará una política encaminada a fortalecer el reino y en 1162 firma el tratado de Ágreda con Alfonso II el Casto, rey de Aragón. En 1164 Fernando Rodríguez de Castro "el Castellano", al servicio de Fernando, ataca nuevamente Castilla imponiéndose en la batalla de Huete. Cuatro años después es nombrado alcalde de León. Tras la entrada de “el Castellano” en el reino vecino, Fernando acuerda entregar Uclés a los Templarios, con el fin de defender la ciudad de Toledo de los musulmanes, entregandoa la Orden del Temple la plaza de Uclés y firmando una nueva alianza, esta vez con Sancho VI de Navarra con el objetivo de intimidar a los nobles castellanos y, de ese modo, poder dirigir sus tropas contra los almohades, a quienes arrebata las ciudades de Alcántara y Alburquerque.

Entre los años 1166 y 1168 Alfonso I Enríquez, rey de Portugal, se apodera de varias plazas pertenecientes a la corona leonesa. Fernando II  había repoblado Ciudad Rodrigo, y el soberano de Portugal, sospechando que su yerno la fortificaba con el propósito de atacarle en el futuro, envió contra la plaza a su ejército  Fernando acude en auxilio de la ciudad logrando salvarla. Ante la derrota, Alfonso I de Portugal invade Galicia y se apodera de Tuy y, en 1169, ataca Cáceres y Badajoz, esta última en manos moras. Pero Fernando se consideraba señor de Badajoz por el extinto Tratado de Sahagún, y, a petición del califa Abu Yaqub Yusf, acude al socorro de la plaza. Las tropas leonesas capturarán a Alfonso I siendo entregadas varias poblaciones fronterizas a cambio de su liberación.

Los musulmanes se repondrán a las pérdidas sufridas y en 1173 intentan apoderarse de Ciudad Rodrigo; pero Fernando II, que tuvo conocimiento de sus propósitos, se atrinchera en la ciudad salmantina con las tropas que pudo reunir en León, en Zamora, en varios lugares de Galicia,, dando orden  al resto de su ejército de reunirse con él lo antes posible. Logrando salvar la ciudad.


En 1180 se reunieron en la localidad vallisoletana de Tordesillas los reyes de Castilla y León y acordaron poner fin a sus diferencias, sellando un acuerdo de paz que permitiría reiniciar la conquista de las tierras del sur.

Quizá una de las más importantes actividades de Fernando fue la ordenación del territorio, otorgando cartas forales a numerosas ciudades y villas. Benefició además a la Catedral de Santiago de Compostela, otorgando una pensión vitalicia al Maestro Mateo. Durante su reinado se fundó la Orden de Santiago y el Papa Alejandro III concedió la gracia del año santo jubilar jacobeo (Bula Regis Aeterni, año 1181). Dicho privilegio concedido a la Catedral de Santiago de Compostela favoreció el apogeo de las peregrinaciones, al tiempo que potenció el desarrollo económico, cultural y artístico de los territorios atravesados por el Camino de Santiago.

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