El miedo a los niños

Lo que hace la sugestión. Estamos tan habituados al cine oriental que personas adultas, a plena luz del día, en un moderno hotel, son capaces de atacar a un niña, o salir corriendo en dirección contraria, pensando que es un fantasma, como demostraron hace un tiempo en El Hormiguero.



¿Quién caería en algo así? Les diría que yo no, pero lo cierto es que sí, me dan pavor las niñas pequeñas aparecidas en lugares dónde no deben estar. Pero en mi caso no fue en un hotel, sino en un antiguo cuartel convertido en Facultad de Filosofía y Letras, en el cuartucho que durante años tuvimos como despacho los de Ubi Sunt?. Allí, habiendo llegado yo el primero, me dispuse a abrir la puerta cuando la vi, ¡cerré la puerta!, era imposible, ¿cómo iba a haber una niña de negro pelo y blanco camisón en el interior de aquel cuarto abarrotado y cerrado? ¿cómo no había llorado para que la sacarán? Me armé de valor y volví a abrir la puerta, riendo de mis propios miedos infantiles. Y allí estaba ella, mirándome con sus ojos muertos, fijos. Asustándome, acojonandome. Cerré la puerta y me senté en un banco, dispuesto a esperar a mis compañeros. Otro llegó, no dije nada por miedo a que la niña no estuviera y se riera de mí. Abrió la puerta, gritó, la cerró y se sentó conmigo hasta que llegó un tercero.

Ninguno dijo nada. Nuestro compañero entró y, sin más, encendió la luz, mirando nuestras caras de asombro ¿no está la niña?, me pregunté. Y entonces me dio la respuesta.

-Que muñecas más feas, ¿quién habrá metido esto aquí?

Comentarios

Alejandra Flores ha dicho que…
Que bueno!!! yo me cago vamos!
Cathan Dursselev ha dicho que…
Y yo, y yo, para que negarlo.

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