Ir al contenido principal

William & Jane

La iglesia estaba llena, como cada tarde de sábado. El pastor, en el púlpito, repetía su homilía y rezaba por los jóvenes que luchaban contra en África. Jane apartó la vista de su padre y, por un momento, la dejó vagar por la amplia ventana que daba al jardín. Bajo el gran roble que presidía el patio estaba el joven lord. William le sonrió, con ternura y picardía, apoyado en el tronco. Cruzó sus brazos sobre el pecho, buscando cruzar su mirada con la de la joven. Jane intentó centrar la mirada en su padre, en el suelo, en los blancos arcos que coronaban el pequeño templo. Y una y otra vez volvía la mirada a William. Y él esperaba, sonriente. Ampliando su sonrisa en cada fugaz mirada de Jane. La joven se ruborizó de pronto, justo en el momento en el que su padre pedía hacer feliz a los soldados retornados.

-Ellos luchan por nosotros- decía el pasto- en lejanas tierras defienden nuestros modos de vida. Llevan a Dios hasta sus hijos descarriados. Y debemos devolverles parte de lo que dan. ¿Cómo? –preguntó retóricamente antes de proseguir –No negándoles lo que piden, dándoles aquello que deseen. Han perdido mucho –Jane no encontró a William junto al roble- su juventud, su salud, sus amigos. ¿Cuántos jóvenes han muerto luchando contra los negros? Tenemos que pagarles su sacrificio con el nuestro. Debemos plegarnos y acatar sus deseos, siempre que no contraríen la voluntad de Dios…
-¿La voluntad de Dios se contrariaría si yo desease a su hija?

Todas las cabezas giraron hacia la puerta. William, altanero como fue antes de África. Dio un paso hacia el interior.
-Amo a su hija, reverendo, deseo convertirla en mi esposa. Y estoy dispuesto a hacer lo que me pidáis por conseguir su bendición a nuestra unión.
-¡Callad, William, os lo suplicó!- Jane se levantó como un resorte -¿cómo podéis entrar en la iglesia y decir esas cosas?
-Os amo, Jane, desde que te vi bailar en el prado supe que sois el ángel que me traería de vuelta a la vida.
-No me amáis, ¡me avergonzáis!- dijo la joven cubriéndose el rostro con las manos ante la atenta mirada de los feligreses. El pastor bajó del púlpito y abrazó a su hija.
-¡Iros!- gritó el reverendo- ¡no hay duda de que sois digno hijo de vuestro padre! No os acerquéis jamás a mi hija. Si os veo cerca de ella yo…
-¿No practicáis lo que predicáis? Sois vos quien invita a satisfacer a los soldados. Yo lo perdí todo: mi salud, a mi madre, a mi … a … ¡todo! Me creía muerto y su hija me devuelto las ganas de vivir. ¿No os sacrificaríais por mi? Sois tan falso como la Iglesia que defendéis.
-¡Fuera!, ¡Echadlo!, ¡Expulsar al diablo de la casa de Dios!

Los hombres se abalanzaron sobre el joven mientras Jane bañaba en lagrimas la estola de su padre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

La casa de los Espejos

En la Alameda, justo frente al monumento al Marqués de Comilla, hay una casa hoy restaurada y convertida en viviendas de lujo. Una casa señorial, con su torre mirador mirando al mar. Buscando en silenciosa soledad el regreso del antiguo dueño. Un capitán abnegado, obligado a partir continuamente para buscar el bien de su familia. De su mujer y su hija. Al pasear por la Alameda no puedo más que mirar a sus ventanas, hoy nuevas, buscando aquel visillo que hace años se movía con el viento que atravesaba el viejo caserón, mostrando el reflejo del sol sobre los viejos cristales que cubrían su pared. Alguna vez miré a la torre, esperando ver allí a la joven hija, oteando el horizonte, deseando que su padre regrese y, tal vez, le traiga un nuevo espejo.

Porque cuenta la leyenda que el capitán amaba a su hija y la mimaba creyendo, tal vez, que al cumplir sus deseos cubriría su ausencia. La hija le pedía a su padre un espejo, y él le traía uno de cada viaje, tantos que al final la casa se cubri…