Ir al contenido principal

Ocurrió en el dos

Que de tiempo hace que no cojo el dos. Una pena. Es un vivero de historia local y social. El día a día contado a voz en grito o en susurro. Pero han sido muchos, demasiados, los años que lo he cogido y, no sé porqué –si lo sé, pero para evitar vergüenzas a quién se avergüenza lo omito- hoy me he acordado de un suceso ocurrido hace ya unos años. Les cuento. Iba yo sentado tranquilo en uno de los asientos, el suelo nunca me ha gustado demasiado en los autobuses, cuando un niño se sentó junto a mí. Vestía camiseta del Madrid, normal, no iba a ser del Cádiz y comenzó su ronda de preguntas

-¿Y tú de que equipo eres?
-Del Madrid, como tú
-¿Y tú?
-Del Barça.
-¿Y tú?...

Así hasta que me toco responder a mí. En aquel tiempo mi divinidad aún no se había manifestado del todo, lo que me provocaba no pocas huidas astrales. Y en esas estaba, en otro mundo y sin escuchar al pequeño cotilla gaditano madridista. Que, viendo que yo no respondía, decidió dirigirse a su madre justo en el momento en que yo volvía a mi cuerpo.

-Mamá ¿y el señor gordo de qué equipo es?
-¡NIÑO! –gritó la madre –el señor no está gordo.
- De Cádiz- respondí con la madre cada vez más roja –y no se preocupe por su hijo, pero no le mienta. Estoy gordo, es una apreciación acertada por su parte. No le confunda los conceptos ya aprendidos gracias a Epi y Blas….

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

La casa de los Espejos

En la Alameda, justo frente al monumento al Marqués de Comilla, hay una casa hoy restaurada y convertida en viviendas de lujo. Una casa señorial, con su torre mirador mirando al mar. Buscando en silenciosa soledad el regreso del antiguo dueño. Un capitán abnegado, obligado a partir continuamente para buscar el bien de su familia. De su mujer y su hija. Al pasear por la Alameda no puedo más que mirar a sus ventanas, hoy nuevas, buscando aquel visillo que hace años se movía con el viento que atravesaba el viejo caserón, mostrando el reflejo del sol sobre los viejos cristales que cubrían su pared. Alguna vez miré a la torre, esperando ver allí a la joven hija, oteando el horizonte, deseando que su padre regrese y, tal vez, le traiga un nuevo espejo.

Porque cuenta la leyenda que el capitán amaba a su hija y la mimaba creyendo, tal vez, que al cumplir sus deseos cubriría su ausencia. La hija le pedía a su padre un espejo, y él le traía uno de cada viaje, tantos que al final la casa se cubri…